jueves, 13 de julio de 2023

La otra mejilla

No sé a cuento de qué no hace mucho me hacía la siguiente pregunta: ¿Qué objetivo se busca con poner la otra mejilla? Al principio pensaba que esta máxima moral era original de Jesucristo, pero leyendo el libro La invención de Jesús de Nazaret, de Fernando Bermejo Rubio, ya no estoy tan seguro, ya que este historiador mantiene que la idea ya corría por la época en la que vivió Jesús. Ya no tengo tan claro, sin embargo, si coincido con la interpretación que ese mismo autor otorga a la sentencia del Sermón de la Montaña.

No me importa a quién atribuir su origen. Lo que me importa es su interpretación. Este autor sostiene que la intención del dicho no buscaba tanto actuar desde la virtud, desde la bondad, sino más bien conseguir que el enemigo -y quizás un enemigo poderoso, esto lo añado yo- no se revolviera contra uno. Puede que del uso de tal actitud se logre -a veces, subrayaría yo- el objetivo referido, pero no creo que sea la intención del proverbio.

Otros -cristianos- apuntan que poniendo la otra mejilla Jesús pretendía enseñar al agresor que el odio y la violencia se vuelve finalmente contra el ejecutor. También los católicos indican, acogiéndose a palabras de Pablo, que se ha de vencer el bien con el mal. Esta interpretación va más acorde a la que pienso, pero no sabemos si Pablo interpretaba de esa manera la máxima de la otra mejilla.

Para mí, poner la otra mejilla cuando el enemigo te hiere cobra sentido pleno con la interpretación siguiente. No porque le tengas miedo al agresor -porque es más poderoso que tú- y quieras evitar un dolor posterior, ni porque quieras hacerle ver que su violencia se volverá contra él, no. Más bien veo este modo de actuar como una vía para tratar de cambiar el mundo. Llevada al extremo, el mundo no conocería violencia ni conflictos armados si todos la cumpliéramos, ya que se evita así la reacción y la escalada. Muestras otra manera de conducirse.

No entro a valorar aquí si debe o no debe cumplirse este precepto -eso cada cual verá, y que se lo digan, por ejemplo, a los ucranianos ahora mismo-, sino que pienso que esta ley de conducta pretende lograr la paz en el mundo. De hecho, en el sermón viene contrapuesta a la antiquísima ley del talión. Como decía Gandhi, la no violencia no es un método de coerción, sino de conversión. Es una guía que, usada por todos los seres humanos, transformaría la sociedad. Para mí, de hecho, podría erigirse en valor.

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