martes, 17 de marzo de 2020

¿Quién da de comer a las palomas?

Quinto día de confinamiento. Las noticias siguen siendo malas. Más de 520 muertes por coronavirus en España, unas 190 más que el recuento de ayer.

La Unión Europea ha cerrado sus fronteras durante 30 días. El presidente español, Pedro Sánchez, ha anunciado un paquete de ayudas económicas para paliar la crisis –temporal, dice- que desatará la epidemia. Me ha extrañado que solo se dediquen 30 millones de euros a investigar la vacuna. Pero está bien que los despidos temporales no consuman subsidio por desempleo. Mientras tanto, salta la noticia de las cuentas millonarias que el Rey emérito Juan Carlos I posee en el extranjero.

Esta mañana he salido a comprar fruta y carne. Tanto el charcutero como la frutera se protegían boca y nariz con mascarilla, y en ambas tiendas los clientes accedíamos con cuentagotas: de tres en tres en la carnicería y de uno en uno en la frutería, y separados. Ahora, cierran el Bon Preu al mediodía y la panadería no sé qué horario hace, porque al mediodía estaba cerrada.

¿Quién da de comer a las palomas? El silencio en mi barrio –en Horta, Barcelona- no era sepulcral, pero casi. Poca gente transitaba por la calle y muchos con mascarilla. Cuando empezaron a llegar noticias de Wuhan mi mujer y yo sopesamos comprar mascarillas, y, cuando finalmente nos decidimos, a mediados de febrero, se habían agotado las existencias; las personas con las que me he cruzado esta mañana debieron de comprarlas mucho antes.

De nuevo el vecindario se ha asomado por la ventana esta noche a las ocho para aplaudir a sanitarios y otros profesionales que están en primera línea, como limpiadoras, cajeras y transportistas, pero la ovación también ha servido esta vez, seguro, para que el personal se desfogue. Se han oído silbidos y gritos, uno arengaba: “¡Ya queda menos!”.

Tengo la sensación de que el interés por el coronavirus ha menguado en las redes sociales en pocos días. Ya no hay saturación en whatsapp, por ejemplo. Quizás la gente nos hemos dado cuenta de que esto va para largo y nos sentimos hastiados y con ganas de aislarnos un poco de las malas noticias del Covid19.

Que decaiga la atención no significa que desaparezca. Cuando he salido a comprar he oído tres o cuatro conversaciones, o partes de ellas, cazadas al vuelo. Todas trataban del coronavirus. En la primera, una chica camina deprisa con el móvil en la oreja: “Es que en todas las tiendas de mi barrio hay colas en la acera”. En la segunda, un chico le dice a otro: “Putin lo hizo bien en Rusia, que cerró fronteras”. Y en la tercera: “Dicen que hay perros que tienen agujetas”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario