sábado, 21 de marzo de 2020

Videochat con amigos

Noveno día de confinamiento. Las noticias de la pandemia son nefastas. Desde ayer han muerto en Italia 793 personas, 4.825 en total. En breve, se contarán por miles al día si no se llega pronto al punto de inflexión, que hace 48 horas los medios situaban para dentro de dos semanas. Pero España no va a la zaga. Y por millares puede que también los contemos pronto. Deseo equivocarme.

La monotonía hace acto de presencia en el hogar –aunque no de forma apabullante- tras unos días de novedades debidas a la pandemia del coronavirus. El único cambio que he vivido en el fin de semana es el hecho de que este sábado no he dado clases a mi hija. Ya veremos cuando llevemos más semanas cómo nos afecta a todo el mundo El día de la marmota.

En casa procuramos salir a comprar lo menos posible, incluso evitamos tirar la basura todos los días. Este viernes no la tiramos, este sábado tampoco, pero este domingo supongo que sí: habremos acumulado tres bolsas y varias botellas de plástico.

¿Quién lo pasa peor en un confinamiento: solteros, parejas o familias con niños pequeños? Esta mañana he hablado por vez primera a través de videochat con tres amigos: dos solteros y dos emparejados con hijos. Los cuatro pensamos que las parejas sin hijos pasan mejor el confinamiento. Casi se me figura a mí como un paraíso. Ya no ha habido unanimidad en cuanto a la elección entre solteros y familias con hijos pequeños. Para mí, con un niño de 21 meses y una niña de nueve, no hay color.

El hijo de uno de mis amigos cumplía hoy cuatro años. Como sus padres cancelaron la fiesta, pero tienen patio en el interior de una manzana, un montón de vecinos le han felicitado desde la ventana esta tarde. Debe de ser un vecindario bien avenido, o quizás sean las circunstancias, porque hay más.

Por segunda vez, un pinchadiscos ha montado en su balcón una discoteca durante una hora después del aplauso a los sanitarios. Y, ojo, que he visto un vídeo y, en la oscuridad de la noche, con la música retumbando a todo trapo y las luces psicodélicas danzando como luciérnagas de extraño color, parece en efecto una disco al aire libre; bueno, supongo que de hecho lo es, pero sin cobrar entrada.

Los vecinos ayer jugaron a un bingo. El premio consistía a bajar a pasear a la perra labrador de mi amigo. Un chiste corre por tuiter: “Expresiones populares para dentro de 40 años: (…) Cuando yo era joven el que tenía perro era un privilegiado”. Pero dice mi amigo que de momento nadie se ha cobrado el bingo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario