viernes, 20 de marzo de 2020

Prejuicios

Octavo día de confinamiento.

En un máster de mineralogía en una prestigiosa universidad norteamericana un grupo de estudiantes debía responder en un examen qué minerales había encima de la mesa. Podían olerlos, manosearlos, rascarlos, cogerlos, etc. Los aspirantes desfilaban ante las piedras y anotaban en su cuaderno el nombre de cada uno de los diez elementos expuestos.

Pero, de manera sistemática, todos los alumnos dejaban un espacio en blanco. Había una roca grande como un puño, amorfa, muy pesada y de color oro, que les tenía intrigados. Parecía oro, pero nadie se atrevía a identificarla como tal porque… ¿qué iba a hacer allí esa enorme pepita, con los miles de dólares que debería haberle costado a la facultad? Cuando corrigieron el ejercicio los alumnos esperaban expectantes para conocer el nombre del misterioso mineral. Y sí, contradiciendo el dicho, oro parecía, oro era.

El profesor colocaba el metal precioso siempre en el examen. Quería aleccionar con ello a los científicos para que vieran que también ellos, los investigadores, podían ser pasto de suposiciones, creencias, invenciones. Anhelaba así el maestro que sus pupilos fueran vigías de sí mismos, de los vaivenes de su cognición, que desconfiasen de las ocurrencias, que discernieran juicios de prejuicios. Insisto: “Parecía oro, sí, pero, ¿qué iba a hacer una pepita de semejante tamaño y con el consiguiente valor económico en la universidad?”.

Si investigadores de ciencias naturales pueden llegar a estar condicionados por prejuicios, cómo no lo estaremos el resto de mortales, gobernantes más si cabe debido a presiones ideológicas y económicas. Aparte de los recortes que han mermado la sanidad pública durante la crisis, me imagino algunos prejuicios respecto a la epidemia del coronavirus que podrían haber entorpecido a su debido tiempo la toma de decisiones cruciales: “Nuestro sistema sanitario está más preparado, vivimos en Europa, el ombligo del mundo, cuna de la civilización, de la ciencia, el mundo es como es por Europa, a nosotros no nos pasará lo mismo, nunca ha ocurrido algo así en la historia moderna de Occidente; en China es normal, es una dictadura, hace poco todos vivían aún en el campo, el analfabetismo campaba a sus anchas, iban en bici y carromatos”.

Ya es primavera.

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