jueves, 19 de marzo de 2020

Esperar lo mejor, prepararse para lo peor

Séptimo día de confinamiento. En la puerta del supermercado una dependienta hace las veces de portera y nos deja pasar de tanto en cuanto. La cola avanza a buen ritmo. Comenta que la policía ha multado a una pareja que paseaba el perro porque está prohibido ir más de uno solo por la calle. Una vez dentro, una mujer de la limpieza se afana frotando con una bayeta las cestas de compra. Los clientes mantenemos la distancia de seguridad de manera disciplinada.

Respiro seriedad en el ambiente. Una cajera indica a un cliente que debe colocarse, “más o menos”, le dice, “por donde está la marca”, una línea pintada de blanco en el suelo que mantiene al señor a un metro de la dependienta. Acaba con un cliente y desinfecta zonas con un espray. Cajeras y farmacéuticos también deberían protegerse con mascarilla, pero, claro, no hay suficientes.

Me abstengo de hablar de datos. Me resulta hoy algo tedioso. Si los queréis consultar, aquí los ofrecen de cualquier país. Pero todos ya sabemos que Italia ha superado a China en número de muertes por coronavirus y que en España buscan médicos y enfermeras hasta por debajo de las piedras: jubilados, recién licenciados, estudiantes de último curso de medicina, etc. El covid-19 se ha cebado con sanitarios de manera especial.

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