Descubrir vida más allá de la Tierra se convertirá sin duda en la noticia del año, de la década o del siglo. Claro que no será lo mismo dar con microorganismos en Marte, Venus o Europa, que descubrir señales de una civilización extraterrestre en un sistema solar vecino. Ni incluso será lo mismo encontrar vida microscópica análoga a la terrícola –con ADN, por ejemplo- que basada en compuestos inimaginables. En el primer caso, sospecharíamos de la panspermia, pero en el segundo ganaría muchos puntos que la vida se haya desarrollado de manera independiente en diferentes lugares del Cosmos.
El anuncio de que en Venus se ha hallado fosfina –un gas que en la Tierra solo lo producen seres vivos o en descomposición- abre las puertas a la posibilidad de que existan microorganismos en su atmósfera. Los descubridores avisan de que los resultados no son concluyentes, pero alertan de que por ahora han descartado otras posibles fuentes no biológicas (rayos, meteoros, vulcanismo, etc). Añaden también que las cantidades estudiadas superan de mucho –unas 10.000 veces- las que podrían deberse a orígenes ajenos a la vida.
Ya hay astrónomos que recelan del hallazgo. Quizás ni siquiera sea fosfina y, si lo fuera, existen otros orígenes más probables que no la vida. Incluso los mismos autores del hallazgo explican que el artículo es, en cierta manera, una llamada de auxilio a la comunidad científica porque se les agotan las ideas para explicar la presencia de fosfina en Venus eludiendo el factor biológico.
Leyendo algunas noticias da, precisamente, esa sensación: que los investigadores duden de sus conclusiones provisionales y sean conscientes del largo trecho que falta para afirmar con alto grado de certeza de dónde diantres proviene la fosfina. Hete aquí un ejemplo del rigor, meticulosidad, y esfuerzo que requiere la ciencia para darse por satisfecha en sus resultados, y casi siempre además obteniendo conocimientos en cuarentena.
Así que paciencia, y mucha, si queremos saber si tenemos vecinos venusianos.
El anuncio de que en Venus se ha hallado fosfina –un gas que en la Tierra solo lo producen seres vivos o en descomposición- abre las puertas a la posibilidad de que existan microorganismos en su atmósfera. Los descubridores avisan de que los resultados no son concluyentes, pero alertan de que por ahora han descartado otras posibles fuentes no biológicas (rayos, meteoros, vulcanismo, etc). Añaden también que las cantidades estudiadas superan de mucho –unas 10.000 veces- las que podrían deberse a orígenes ajenos a la vida.
Ya hay astrónomos que recelan del hallazgo. Quizás ni siquiera sea fosfina y, si lo fuera, existen otros orígenes más probables que no la vida. Incluso los mismos autores del hallazgo explican que el artículo es, en cierta manera, una llamada de auxilio a la comunidad científica porque se les agotan las ideas para explicar la presencia de fosfina en Venus eludiendo el factor biológico.
Leyendo algunas noticias da, precisamente, esa sensación: que los investigadores duden de sus conclusiones provisionales y sean conscientes del largo trecho que falta para afirmar con alto grado de certeza de dónde diantres proviene la fosfina. Hete aquí un ejemplo del rigor, meticulosidad, y esfuerzo que requiere la ciencia para darse por satisfecha en sus resultados, y casi siempre además obteniendo conocimientos en cuarentena.
Así que paciencia, y mucha, si queremos saber si tenemos vecinos venusianos.
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