Al trabajar como sustituto, este curso he empezado en un cole nuevo y no conozco a nadie. Todos los días veo a las maestras con la mascarilla, desde que entran hasta que salen; me las imagino de ojos para abajo, pero me llevo una decepción cuando alguna de ellas se desenmascara por un instante. Nunca son como fantaseaba, jamás acierto, ni me acerco. Supongo que mi mente esboza una nariz, boca y pómulos en función de personas a quienes me recuerdan por el cabello y la mirada, o según mis prejuicios, pero después, a la hora de la verdad, nada. Son mujeres y hombres, chicos y chicas, que no guardan relación alguna con el rostro que mi magín había dibujado. Todas, entonces, son caras extrañas, y, aunque sea por un momento, mi organismo se rebela.
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