domingo, 29 de marzo de 2020

Maquiavelo y Sagan

Décimo séptimo día de confinamiento. Conversación de ultratumba de pareja enclaustrada a altas horas de la madrugada:

-¿Crees que el coronavirus puede haber tenido un origen intencionado?

-¿Cómo intencionado? ¿A lo Maquiavelo?

(Sonrisa)

-Es que a mí me extraña que eso se transmitiera de un animal a una persona y se haya esparcido de esta manera. ¿Y si es un golpe mortal de China a Occidente? Ellos mismos lo crean, detienen antes que nadie la epidemia y tienen ya la vacuna de antemano.

-Pero China no puede cantar victoria antes de tiempo. Podría haber rebrotes. Y tampoco será mortal para Occidente.

-Sí, pero podría entorpecer el progreso de Estados Unidos, y si te fijas Pekín ha cerrado fronteras exteriores.

-¿Y la economía? A ellos también les afecta el parón mundial.

-Sí, ya, pero no sé qué pensar. Como sentenciaban en la antigua Roma, ¿a quién beneficia todo esto? Si cuando pase la epidemia y vivamos los estragos de la hecatombe económica, hay un claro beneficiario, quizás sería útil tirar del dicho piensa mal y acertarás.

-Eso suena al refrán cuando el río suena agua lleva. ¿Pero y si no es un río, y si es lava, y si es una carretera? Hacen falta pruebas. Prefiero la máxima del divulgador científico Carl Sagan: “Afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria”. O sea, que ante tamañas acusaciones, pruebas irrefutables.

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