sábado, 14 de marzo de 2026

Los seres humanos pisarán Marte en la década de 2040

¿Y quién dice esto? Pues he preguntado a dos AI, Gemini y Chat GPT. Les he pedido su opinión en base a lo que conocen de la exploración espacial, de nuestros avances tecnológicos y de los retos científicos, sociales y políticos que existen, así como según lo que saben sobre la naturaleza humana.

Gemini ha sido más preciso y apuesta por el año 2044. Según esta AI, hasta 2035 nos centraremos en aprender a vivir en la Luna, “el banco de pruebas donde cometeremos los errores necesarios”, señala. Antes de 2040, vaticina que una nave no tripulada aterrizará en Marte, recogerá muestras y las traerá de vuelta a la Tierra. Fija 2044 porque habrá una ventana (hay una cada 26 meses) y los costes del viaje habrán disminuido.

Para la AI de Google, los mayores impedimentos son la protección ante la radiación cósmica y el hecho de que los astronautas tengan que confinarse durante el viaje en un espacio pequeño sabiendo que no hay rescate posible si algo falla.

Chat GPT responde que el ser humano llegará a Marte entre el año 2042 y 2050. Según su calendario, entre 2030 y 2038 se enviarán más robots y carga pesada, y a finales de esa década se harán las primeras aproximaciones de seres humanos a Marte. Pero según su previsión, el primer astronauta no llegará hasta la horquilla antes mencionada.

A su parecer, los principales contratiempos que la humanidad ha de superar son la radiación, la producción de combustible en Marte, el soporte vital para un viaje tan largo (de entre 6 y 9 meses) y el traslado y aterrizaje de cargas muy pesadas.

Ambas AI señalan que quizás todo pueda precipitarse si hay una nueva carrera espacial, como antaño entre la URSS y EUA para alcanzar la Luna, pero ahora entre China y EUA. Gemini, sin embargo, considera la competencia chino-estadounidense actual un contexto muy diferente y no cree que vaya a influir.

Chat GPT apunta, finalmente, que innovaciones repentinas podrían adelantar las fechas. En este sentido, Gemini pronostica que robots con IA llegarán mucho antes y construirán hogares para los futuros astronautas.

En mi opinión, no van muy desencaminadas. Al fin y al cabo, se basan en datos desperdigados por todo internet. Sin embargo, sí que creo que una nueva carrera espacial -léase armamentística- está en marcha desde hace tiempo. Ahora se ve con más claridad en las misiones Artemis americanas a la Luna y en los conflictos que los americanos siembran por todo el orbe. De nuevo, marcar territorio, pero esta vez ante el gigante asiático.

martes, 20 de enero de 2026

El final de una era

Con el final de la Segunda Guerra Mundial acabó una era, la que llamábamos y aún denominamos, Edad Contemporánea. Los historiadores habían acuñado ese nombre al período que se inició en la Revolución Francesa -cuando a su vez concluyó la Edad Moderna- y que ha continuado hasta nuestros días. Pero esa nomenclatura tiene que cambiar.

Hay razones más que suficientes para creerlo así.Recordemos que la Edad Moderna arrancó en el siglo XV con, resumidamente, el descubrimiento de América, la invención de la imprenta -que difundió el conocimiento más allá de los muros de los monasterios y facilitó el nacimiento de la ciencia moderna-, y la expansión del uso de la pólvora en Occidente.

La Segunda Guerra Mundial acabó con el uso de una nueva arma, la bomba atómica. Desde entonces el cambio tecnológico ha sido fulgurante: exploración y conquista del espacio, computación e internet, robótica e inteligencia artificial. Los paralelismos son abrumadores, e incluso superiores: pólvora/bombas nucleares; América/exploración del cosmos; imprenta/internet… Pero a estas correspondencias se añade algo del todo distinto. A saber, el incipiente uso de robots y el apabullante estallido de la inteligencia artificial. A esto se une el prometedor campo de la computación cuántica, que potencia el procesamiento de los ordenadores millones de veces, y los avances en genética y biotecnología. Sin duda, vivimos inmersos en un cambio de era.

Podemos seguir llamando a esta -la nuestra- Contemporánea, porque, evidentemente, es en la que vivimos, es nuestra coetánea, pero no es de recibo equipararla al periodo anterior a la Guerra Mundial. A aquellos siglos les deberíamos llamar Edad Moderna, de tal manera que abarcaran desde el descubrimiento de América hasta la caída del Reich alemán y las potencias del Eje. E incluso podríamos dividirla en Baja y Alta Edad Moderna, de forma similar a la división de la Edad Media.

Sin embargo, esta era nueva que hace siete décadas que ha eclosionado se diferencia de forma clara de las demás y presagia profundas transformaciones sociales y económicas. La irrupción de la neonata inteligencia artificial parece estar cambiándolo todo. Pronto irán humanoides a las guerras y pronto también hordas de robots sustituirán a la mano de obra humana, como de hecho ya ocurre. El ser humano va a convertirse en un inútil, no porque no sepa hacer nada, sino porque los robots harán nuestro trabajo de forma más rápida, más barata y mejor. ¿Qué economía y sociedad nacerá en este contexto?

Se suele decir que todo cambio a lo largo de la Historia comporta desventajas… y oportunidades. Fue el caso de la Revolución Industrial, cuando las ciudades crecieron por la atracción de mano de obra, vaciando el campo, y la tecnificación barrió del mapa a muchos oficios artesanales. A la vez, la industrialización propagó condiciones laborales inhumanas, simiente de posteriores revoluciones y sistemas políticos.

No obstante, el hecho de que tales crisis y oportunidades hayan ocurrido con anterioridad no es argumento de peso para que vaya a pasar en el momento actual; lo contrario, tampoco, por supuesto. Simplemente, me inquieta la combinación explosiva de robótica, inteligencia artificial y computación cuántica; todo ello, además, cuando aún estando en pañales estas tecnologías ya señalan el descomunal efecto que va a tener y tiene en nuestras vidas.

Después de todo, quizás estemos viviendo más que un cambio de edad histórica, puede que los cambios en los que nos ha tocado vivir sean más profundos que la invención del fuego, la rueda y la escritura juntas. Quizás me quede corto, y estemos viviendo en la frontera entre la Protohistoria y la Historia, o al menos en el inicio de la Historia para nuevas entidades integradas por carbono, silicio y algoritmos que reescribirán el pasado y el futuro a su antojo.

El ser humano ha superado a los dioses mitológicos, o a Dios sin más. En las religiones los dioses crean el mundo y a los seres humanos, pero estos son inferiores en poder a sus creadores o, como en la crisitiandad, están hechos a su imagen y semejanza. Ahora el hombre está creando seres superiores a él mismo. Solo nos queda crear mundos, porque destruilos ya sabemos.

jueves, 13 de julio de 2023

La otra mejilla

No sé a cuento de qué no hace mucho me hacía la siguiente pregunta: ¿Qué objetivo se busca con poner la otra mejilla? Al principio pensaba que esta máxima moral era original de Jesucristo, pero leyendo el libro La invención de Jesús de Nazaret, de Fernando Bermejo Rubio, ya no estoy tan seguro, ya que este historiador mantiene que la idea ya corría por la época en la que vivió Jesús. Ya no tengo tan claro, sin embargo, si coincido con la interpretación que ese mismo autor otorga a la sentencia del Sermón de la Montaña.

No me importa a quién atribuir su origen. Lo que me importa es su interpretación. Este autor sostiene que la intención del dicho no buscaba tanto actuar desde la virtud, desde la bondad, sino más bien conseguir que el enemigo -y quizás un enemigo poderoso, esto lo añado yo- no se revolviera contra uno. Puede que del uso de tal actitud se logre -a veces, subrayaría yo- el objetivo referido, pero no creo que sea la intención del proverbio.

Otros -cristianos- apuntan que poniendo la otra mejilla Jesús pretendía enseñar al agresor que el odio y la violencia se vuelve finalmente contra el ejecutor. También los católicos indican, acogiéndose a palabras de Pablo, que se ha de vencer el bien con el mal. Esta interpretación va más acorde a la que pienso, pero no sabemos si Pablo interpretaba de esa manera la máxima de la otra mejilla.

Para mí, poner la otra mejilla cuando el enemigo te hiere cobra sentido pleno con la interpretación siguiente. No porque le tengas miedo al agresor -porque es más poderoso que tú- y quieras evitar un dolor posterior, ni porque quieras hacerle ver que su violencia se volverá contra él, no. Más bien veo este modo de actuar como una vía para tratar de cambiar el mundo. Llevada al extremo, el mundo no conocería violencia ni conflictos armados si todos la cumpliéramos, ya que se evita así la reacción y la escalada. Muestras otra manera de conducirse.

No entro a valorar aquí si debe o no debe cumplirse este precepto -eso cada cual verá, y que se lo digan, por ejemplo, a los ucranianos ahora mismo-, sino que pienso que esta ley de conducta pretende lograr la paz en el mundo. De hecho, en el sermón viene contrapuesta a la antiquísima ley del talión. Como decía Gandhi, la no violencia no es un método de coerción, sino de conversión. Es una guía que, usada por todos los seres humanos, transformaría la sociedad. Para mí, de hecho, podría erigirse en valor.

viernes, 3 de junio de 2022

Escombraire, no escombriaire

Fa uns dies he conegut les escombraires del barri on treballo aquests últims mesos de curs. A una d’elles li he explicat que fa més de 25 anys -mare meva, un quart de segle!- vaig treballar durant sis mesos d’escombraire -no d’escombriaire- al barri xinès de Ciutat Vella. Parlant amb ella, he recordat que aleshores et feien un primer contracte d’un mes, després un segon de dos meses i, finalment, el darrer, de tres mesos. I que arribat a aquest punt et fotien al carrer, i amb sort et tornaven a contractar al cap d’un temps. A mi mai més no em van tornar a cridar, però tampoc no em va importar. Certament era un feina, per a mi, poc engrescadora i molt dura (fixeu-vos com d'esgotat vaig acabar les tres o quatre primeres jornades, que un dia em vaig dir a mi mateix: 'Si mai més no treballo enlloc, amb aquests dies que hi porto ja en tindria per sempre més, ja cobreixo la meva vida laboral'). En aquells sis mesos recordo que només van fer indefinit a un escombraire, fill d’un empleat que formava part del comitè d’empresa. A ell li va fer tanta vergonya, que, per avançar-se a possibles retrets per part dels companys, va exclamar: “He mamat algunes cigales i ja està!”. (Per cert, trobo que és una puta merda que qualifiquem de tenir un fadrí al fet d’aconseguir una feina amb una remuneració baixa o, fins i tot, indigne). L’escombraire amb què parlava em va assegurar que allò de la contractació continua si fa no fa igual. I han passat 25 anys des que jo hi vaig treballar!

Li vaig explicar també que aleshores em sobtava certa incoherència que detectava en la tasca dels escombraires. Us l’explico. Tots els escombraires de Barcelona, almenys aleshores, havien d’escombrar un seguit de carrers seguint el recorregut d’un plànol que indicava, a més, les hores a les quals havies d’estar a cada cantonada. I no podies avançar-te o endarrerir-te, ja que si ho feies et podien penalitzar (el més dur era que un inspector -ens vigilaven i controlaven a l’atzar- et qualifiqués la tasca amb un “no bo” perquè t’haguessis deixat un cagarro de gos sense recollir). El que trobava una rucada, però, era que podia escombrar una vorera d’un carrer en què no hi hagués gaire brossa i, tot i que veiés que a la voravia de l’altra cantó sí que hi hagués brutícia -de vegades, aplegada pel simple fet del sentit en què bufava el vent-, no hi podia avançar perquè, com he dit, corria el risc que m'amonestessin. Això implicava que quan arribava a l’altra costat del carrer m’endarreria perquè aquí sí que hi havia feina i anava, necessàriament, més a poc a poc, i, aleshores, em podien sancionar per quedar-me enrere (Kafka, continua dormint). Però, clar, ens estimàvem més un endarreriment que no pas un “no bo”. Un parell de vegades o tres em van marcar retards. El capatàs, aleshores, m’escridassava quan arribava a la caserna. Un cop, m’hi vaig encarar argumentant-li el despropòsit que us he explicat abans. L’home es va enrojolar i es va enfurismar encara més, perquè el paio (a qui sovint li cantava l’alè) sembla que gaudia fotent grans esbroncades. Només sabia parlar cridant. Un dia un company em va dir: “No paga la pena, tu abaixa el cap, i digues ‘sí, sí, sí...’ fins que es cansi”. Va ser un consell que no sempre he seguit, però sí algunes vegades al llarg de la meva vida. Doncs bé, quant a la incongruència de què us parlo, l’escombraire que he conegut aquest dies m’ha dit que res de nou sota el sol. O sigui que les hores marcades al plànol només serveixen per a poder controlar millor als operaris. Vigilar i castigar.

Dos darrers apunts. En aquells anys, finals dels noranta del segle passat, els escombraires treballàvem quasi set hores sis dies la setmana. I lluitàvem perquè fossin cinc dies i així tenir dos dies seguits de festa. (De totes maneres, els caps de setmana sempre estaven coberts per guàrdies). No sé si passats els anys ho han aconseguit (li preguntaré a la noia que he conegut), però aleshores recordo que l’Ajuntament de Barcelona no posava pals a les rodes a l’aspiració dels treballadors -almenys de forma pública-, sinó les empreses contractades, FCC, en aquella zona de Barcelona (la meva cap era una germana Koplowitz). I dic “de forma pública” perquè ja em diràs si l’Ajuntament no tenia poder per pressionar les empreses contractades.

En aquella època estudiava l’últim curs de magisteri. Recordo que a català la professora em va demanar si treballava i li vaig explicar que sí, que portava uns mesos d’escombraire. “No, d’escombriaire”, em va corregir. “No, d’escombraire”, li vaig esmenar, “no recullo la brossa dels contenidors, escombro els carrers”. Allò li va fer gràcia i, quan mesos més tard, van avaluar-me de la part oral de català, se’n va recordar de l’anècdota i li va dir a l’altra examinadora: “Felipe, explica-li a la M en què treballes”. “D’escombraire”, vaig dir, “perquè no hi hagi confusions, d’escombrador”, vaig reblar.

martes, 10 de mayo de 2022

La salut dels nens després de la pandèmia

Ara fa una setmana l’escola dels meus fills ens va adreçar un correu electrònic en què es demanava autorització als pares perquè els nostres fills omplissin un qüestionari sobre la seva salut emocional després de dos anys de pandèmia, per tal de poder elaborar mesures que milloressin la salut emocional de la canalla. El paràgraf en qüestió era aquest:

“El Departament d'Educació, en col·laboració amb el Departament de Salut i el Departament d'Igualtat i Feminismes, ha fet arribar a les escoles un qüestionari adreçat a l'alumnat de cinquè i sisè. L'objectiu és conèixer l'estat emocional del nostre alumnat, després d'aquests dos anys marcats per la situació de la COVID 19 al món, per tal de dissenyar i planificar noves mesures i actuacions per promoure el benestar emocional”.

Al mateix correu ens informaven que l’alumnat ompliria el qüestionari de forma anònima.

Tothom sap, i més les autoritats sanitàries i de govern del país, quines actuacions millorarien el benestar emocional d’infants, adolescents i adults. Perquè tot plegat és un peix que es mossega la cua. Podríem començar per promulgar lleis que impulsessin la conciliació laboral, perquè pares i mares puguin passar més temps amb els fills. Podríem continuar per apujar els salaris mínims, perquè no es generin angoixes innecessàries al si de les famílies. Potser no aniria malament establir mecanismes per abaixar els preus dels lloguers i dels pisos de propietat. Un altra punt passaria per abocar més recursos humans a la sanitat pública, entre d’altres especialistes, psicòlegs. Què tal també augmentar la ràtio de mestres i professors a escoles i instituts? Així mateix, caldria que a cada escola hi haguessin especialistes en altes capacitats, que són les grans oblidades quant a necessitats educatives especials.

De segur que l’administració ja sap què més fa falta a la nostra societat perquè tot rutlli millor, i potser no calen despeses en estudis i qüestionaris que semblen fets només de cara a la galeria. Estaria bé que ja que s’ha fet l’estudi s’hi difongués el contingut un cop enllestit i que, almenys, s’hi actués, de debò, en conseqüència.

viernes, 6 de mayo de 2022

La pobresa destorba

Potser, si no la veus, no passa res, però sí quan és a tocar. Aquest matí he sortit a fer fotos pel centre de Barcelona. M’he assegut una estona a un banc que hi ha al Passeig de Gràcia, entre el carrer Mallorca i el carrer Provença, tot just davant d’unes obres de remodelació de la joieria Cartier. De fet, m’hi he posat allà perquè volia capturar alguna situació peculiar aprofitant que la joieria ha tapat les obres amb un mur provisional en què apareix un guepard enfilat a una capsa vermella mirant cap enrere, cap als transeünts, i que té al fons i als peus de l’animal una panoràmica de la ciutat de Barcelona; tot plegat amb la intenció de la marca d’exhibir una imatge elegant, selecta i luxosa del seu negoci.

Per arribar fins allà, he baixat des de Diagonal caminant per la vorera. En la cantonada amb Provença he vist que hi havia quatre o cinc cotxes obscurs d’alta gamma aparcats en semibateria, alguns dels quals amb sirena de policia secreta enganxada al sostre de la carrosseria. M’ha estranyat, però, que la policia secreta tingui vehicles tan cars. M’he fixat aleshores que alguns dels cotxes portaven al parabrises una identificació amb la bandera d’Espanya. I que un seguit d’agents dels mossos xerraven a la vora dels vehicles.  

He continuat caminant fins al banc de què us parlava abans. Darrera meu, dos agents de la Guàrdia Urbana s’encarregaven de desviar qualsevol vehicle a motor que volgués enfilar el Passeig de Gràcia per aquelles calçades laterals que ningú no sap ben bé quina és la seva funció exacta (fa uns anys, vaig preguntar a uns urbans i no em van saber dir qui tenia preferència per a circular, si cotxes, bicis, patinets o vianants). Al banc del costat, s’asseia un captaire que molt sovint demana almoina sota el porxo que l’Hotel Royal té a la seva façana. Segurament, si acostumeu a passejar per aquests carrers l’haureu vist algun dia. Però no aquest matí.

Mentre jo hi era, alguns veïns que passejaven els seus gossos s’han aturat a saludar-lo. Els gossos, en veure’l, s’hi acostaven i bellugaven la cua, i ell els acaronava adreçant-s'hi pel seu nom. He sentit com a uns avis els ha dit que durant una hora o així no podria asseure’s al lloc de sempre, que havia de baixar més a baix. Aleshores hi afegia alguna cosa que no he pogut entendre. Ha assenyalat amb el cap cap a la cruïlla de dalt on eren els cotxes d’alta gama, i deia que hi havia algú important, però, com dic, no he aconseguit desxifrar de qui es tractava. Semblava que digués “Regina”, o alguna cosa per l’estil.

Allà m’hi he estat encara una estona, i després he marxat més avall, a la cantonada amb Consell de Cent, però a l’altra banda del carrer, davant d’un aparador on volia fer una altra foto. Ha estat ja de tornada cap a casa, al metro, quan he llegit una notícia. Pedro Sánchez i PereAragonés no es reuniran malgrat coincidir a un acte del Centre d’Economia. Es veu que al final sí que s’han dirigit la paraula uns tres minuts mentre esperaven la presidenta de la Comissió Europea, Ursula von der Leyen, que havia de rebre un premi del Cercle d’Economia.

Ves per on que em pregunto si a la cruïlla de Passeig de Gràcia amb carrer Provença no hi fos la presidenta de la Comissió Europea, ja que en aquella cantonada, on hi havia els cotxes d’alta gama aparcats en semibateria, es troba l’Oficina del Parlament Europeu a Barcelona.

miércoles, 9 de febrero de 2022

El 25 per cent

Tot apunta que a partir d'ara la immersió lingüística als centres educatius està dada i beneïda, arran del famós 25 per cent de docència en castellà dictat pel Tribunal Superior de Justícia de Catalunya. 

Just aquest dimecres el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) ha publicat una enquesta en què s'assenyala que el 76 per cent dels catalans dona suport a la immersió. Aquest percentatge augmenta fins al 95 per cent si els preguntats són catalanoparlants, però davalla fins al 50 per cent si són els castellanoparlants els que responen.

Aquesta sembla la realitat, almenys la reflectida pel CEO. És una llàstima. Els castellanoparlants haurien de ser els primers interessats a mantenir la immersió i, fins i tot, a empènyer mesures més contundents quant a la presència del català a Catalunya. I ja no per ideals o sentiments, sinó per qüestions ben tangibles.

Si vostè -si és que algú llegeix això- fa l’exercici de cercar feina, s’adonarà que sovint, sobretot a les administracions, es demana saber castellà i català per accedir als llocs de treball públics. Però, ves per on, que, mentre que pel castellà és suficient amb la nacionalitat espanyola o provenir d'un país de parla castellana, pel català no és suficient haver nascut a Catalunya (cosa inexplicable, ja que el català, segons alguns, amenaça la supervivència del castellà), sinó que cal un certificat de coneixements d'un cert nivell en funció de l'oferta.

Encara és d'hora per afirmar-ho amb rotunditat, ja ho veurem d'aquí a uns anys, però em temo que en un futur els castellanoparlants augmentaran el seu desavantatge respecte dels catalanoparlants per accedir a segons quines feines millor qualificades. 

Penso que, amb aquesta sentència, mal servei ha fet el jutge a valors democràtics com la igualtat d’oportunitats. I si tractava d'afavorir els castellanoparlants, més aviat ha fet el contrari.