viernes, 4 de diciembre de 2020

De dioses

Creo que hay dos posibilidades. O hay algo o no hay nada. Si no, ya está, asunto zanjado. Si sí, saber qué hay es una lotería. 

Si somos teístas, el Dios cristiano -amor, misericordia…- comporta dos problemas a mí modo de ver infranqueables. Uno, ¿por qué hay sufrimiento en el mundo? Dos, pregunta que se deriva de la anterior, ¿por qué existe todo? Sorteamos estas dos cuestiones sin embargo si creemos en otro tipo de dioses, por ejemplo, en las divinidades de los antiguos griegos. Los dioses del Olimpo juegan con nosotros, somos su divertimento. 

Cabe la posibilidad de creer en una trascendencia, pero no en un dios o dioses. En este caso podríamos ser un juego o un experimento de unos seres atemporales o de otras dimensiones del universo, o que crearon este universo de energía e información en el que vivimos nosotros. Esta hipótesis no difiere mucho de la solución de los dioses olímpicos. Las tres en conjunto rezuman platonismo o son diferentes versiones de la tesis de Platón. Si existiera algo después de la vida quizás la dicotomía o la frontera vida-muerte dejaría de ser tan grave como desde la vida nos parece. 

Que existan otros mundos bien puede ser, pero quizás formen parte de este. Simplemente, puede que no los percibamos por no disponer de los sentidos y/o medios adecuados. ¿Cómo nos perciben las plantas? ¿Cómo captan la existencia? De una manera muy distinta a la nuestra, seguro. ¿Saben que existen los animales y los seres humanos como nosotros los intuimos a través de los sentidos? Seguro que no, aunque es probable que intuyan las diferentes existencias que las rodean. “Hay algo”, podrían pensar, "pero no sé qué”. 

Volviendo al principio, queda la opción de la nada. Con lo que sé, la autoconciencia, la vida y la misma existencia me resultan muy difíciles de explicar. Pero sé también que podrían llegar a explicarse - aunque quizás nunca del todo- porque cada día que pasa la ciencia arroja mayor luz sobre el mundo.

En todo caso, ateos, agnósticos, teístas y creyentes creo que compartimos una opinión: la vida y la existencia son un misterio. Pero esto no es un argumento ni a favor ni en contra de la trascendencia.

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