viernes, 12 de noviembre de 2021

Demasiado para ser noticia

Yo, que fui periodista. Me la han colado. Cuando la leo por primera vez, de mi inconsciente brota: pero, ¿cómo no se ha hablado antes de este caso? Y ¡ya verás qué pronto ponen el grito en el cielo los contrarios a la eutanasia! Acto seguido, me contraargumento que quizás no se ha hablado en siete años porque el paciente ha tardado mucho en recuperarse. Y, además, ha salido en varios medios ya. Total, que bajo la guardia y tuiteo la historia del coma. Pero la noticia era demasiado para ser noticia. 

¿Por qué muchos medios han picado? Muchas veces ha ocurrido esto. Las prisas, las rutinas de los medios -muchos redactan, pero no contrastan-, la falta de personal y de tiempo, las presiones de arriba y la precariedad en general tienen gran parte de responsabilidad. Quizás la diferencia es que ahora, en todo que la noticia se hizo viral, muchas personas en las redes dudaron o no se la creyeron y entonces medios que veían comprometida su reputación empezaron a cuestionarla; de seguida la historia cayó por su propio peso, no se aguantaba por ningún sitio. Pero en otras ocasiones el engaño ha durado más. 

Esta vez creo que, además de ser suculenta y sorprendente, la noticia es suave, en apariencia inocente, de repercusiones nulas. Es cierto que la credibilidad periodística queda desprestigiada, por los suelos, con goles como este, aunque como digo de seguida se hayan destapado las incongruencias. Pero me refiero a que un periodista hubiera prestado más atención, por ejemplo, a un ataque sospechoso de ser de falsa bandera en un conflicto armado. En teoría. Esta es una explicación más de por qué los medios -y yo mismo- hemos metido la pata hasta el fondo con esta historia, pero no es una justificación, ni un lanzar pelotas fuera. Medios y muchas personas como yo nos hemos equivocado. 

Y este error debería servirnos como toque de atención, otro, para estar con el escepticismo en guardia. El caso Monteagudo es una lección para los medios, para mí y para muchos otros. Está en juego la credibilidad y reputación de la prensa en general, ya muy dañada. No es un tema baladí. Mea culpa, también, que me tragué el anzuelo. Yo, que fui periodista.

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