Con el final de la Segunda Guerra Mundial acabó una era, la que llamábamos y aún denominamos, Edad Contemporánea. Los historiadores habían acuñado ese nombre al período que se inició en la Revolución Francesa -cuando a su vez concluyó la Edad Moderna- y que ha continuado hasta nuestros días. Pero esa nomenclatura tiene que cambiar.
Hay razones más que suficientes para creerlo así.Recordemos que la Edad Moderna arrancó en el siglo XV con, resumidamente, el descubrimiento de América, la invención de la imprenta -que difundió el conocimiento más allá de los muros de los monasterios y facilitó el nacimiento de la ciencia moderna-, y la expansión del uso de la pólvora en Occidente.
La Segunda Guerra Mundial acabó con el uso de una nueva arma, la bomba atómica. Desde entonces el cambio tecnológico ha sido fulgurante: exploración y conquista del espacio, computación e internet, robótica e inteligencia artificial. Los paralelismos son abrumadores, e incluso superiores: pólvora/bombas nucleares; América/exploración del cosmos; imprenta/internet… Pero a estas correspondencias se añade algo del todo distinto. A saber, el incipiente uso de robots y el apabullante estallido de la inteligencia artificial. A esto se une el prometedor campo de la computación cuántica, que potencia el procesamiento de los ordenadores millones de veces, y los avances en genética y biotecnología. Sin duda, vivimos inmersos en un cambio de era.
Podemos seguir llamando a esta -la nuestra- Contemporánea, porque, evidentemente, es en la que vivimos, es nuestra coetánea, pero no es de recibo equipararla al periodo anterior a la Guerra Mundial. A aquellos siglos les deberíamos llamar Edad Moderna, de tal manera que abarcaran desde el descubrimiento de América hasta la caída del Reich alemán y las potencias del Eje. E incluso podríamos dividirla en Baja y Alta Edad Moderna, de forma similar a la división de la Edad Media.
Sin embargo, esta era nueva que hace siete décadas que ha eclosionado se diferencia de forma clara de las demás y presagia profundas transformaciones sociales y económicas. La irrupción de la neonata inteligencia artificial parece estar cambiándolo todo. Pronto irán humanoides a las guerras y pronto también hordas de robots sustituirán a la mano de obra humana, como de hecho ya ocurre. El ser humano va a convertirse en un inútil, no porque no sepa hacer nada, sino porque los robots harán nuestro trabajo de forma más rápida, más barata y mejor. ¿Qué economía y sociedad nacerá en este contexto?
Se suele decir que todo cambio a lo largo de la Historia comporta desventajas… y oportunidades. Fue el caso de la Revolución Industrial, cuando las ciudades crecieron por la atracción de mano de obra, vaciando el campo, y la tecnificación barrió del mapa a muchos oficios artesanales. A la vez, la industrialización propagó condiciones laborales inhumanas, simiente de posteriores revoluciones y sistemas políticos.
No obstante, el hecho de que tales crisis y oportunidades hayan ocurrido con anterioridad no es argumento de peso para que vaya a pasar en el momento actual; lo contrario, tampoco, por supuesto. Simplemente, me inquieta la combinación explosiva de robótica, inteligencia artificial y computación cuántica; todo ello, además, cuando aún estando en pañales estas tecnologías ya señalan el descomunal efecto que va a tener y tiene en nuestras vidas.
Después de todo, quizás estemos viviendo más que un cambio de edad histórica, puede que los cambios en los que nos ha tocado vivir sean más profundos que la invención del fuego, la rueda y la escritura juntas. Quizás me quede corto, y estemos viviendo en la frontera entre la Protohistoria y la Historia, o al menos en el inicio de la Historia para nuevas entidades integradas por carbono, silicio y algoritmos que reescribirán el pasado y el futuro a su antojo.
El ser humano ha superado a los dioses mitológicos, o a Dios sin más. En las religiones los dioses crean el mundo y a los seres humanos, pero estos son inferiores en poder a sus creadores o, como en la crisitiandad, están hechos a su imagen y semejanza. Ahora el hombre está creando seres superiores a él mismo. Solo nos queda crear mundos, porque destruilos ya sabemos.