martes, 31 de marzo de 2020

La Conca d'Òdena

Décimo noveno día de confinamiento.

La Conca d’Òdena la forman un conjunto de municipios de Cataluña que están aislados desde el principio del confinamiento. El total de afectados asciende a unas 66.000 personas. Algunas voces han cuestionado que continuara aislado este territorio. Me he preguntado, entonces, cuáles eran las tasas de mortalidad en la Conca y en el resto de Cataluña para comprobar si era necesario o no el aislamiento de esta zona. Supongo que hay variables y condicionantes que se me escapan, pero este ha sido mi argumento.

Según los últimos datos, en la Conca se han registrado 67 muertes y 586 diagnosticados. Y en Cataluña, 1.672 muertes y 18.773 positivos. En base a esta información, en la Conca, la tasa de mortalidad es del 11,4 por ciento y, en el resto de Cataluña (eliminados los casos de la Conca), del 8,8 por ciento. La diferencia es de 2,6 por ciento. Como apunté en una entrada anterior, estas tasas no son reales, porque los contagiados no diagnosticados son muchos más. Pero quería hacerme una idea de si tenía sentido el aislamiento.

Aquí no acaba la historia. Este martes el alcalde de Igualada -uno de los municipios cercados- ha advertido que aunque la Generalitat informa de 67 muertes, las poblaciones han notado que los decesos en este mes de marzo respecto del mismo mes del año pasado se han triplicado hasta 140, cuando además la media de los últimos cinco años ha sido de 46 defunciones. De estas 140, 40 han muerto de forma oficial por el covid-19. Las 27 que faltan del recuento de la Generalitat se deben a que no estaban empadronadas en los municipios.

Podríamos suponer que de 167 muertes en la Conca, 46 hayan sido por causas ajenas al coronavirus, 67 por el coronavirus y el resto, 54, dudosos, pero también podrían estar achacados al coronavirus, tal y como ha insinuado el alcalde. ¿Si no, por qué este incremento? Si sumamos los confirmados y los dudosos, obtenemos 111 muertes por el coronavirus. Y entonces la tasa de mortalidad ascendería a 18,9 por ciento, casi una quinta parte de los contagiados, muy lejos del 8,8 por ciento del resto de Cataluña.

Así se reflejaría de forma más nítida que el aislamiento de la Conca d’Òdena sería necesario. Pero todos estos cálculos, naturalmente, son incorrectos. Recordemos que no disponemos de cifras reales de contagiados. Sin embargo, como hemos visto, la tasa de mortalidad con los datos conocidos es mucho más alta en la Conca que en el resto del territorio catalán, por lo tanto eso significa que, en proporción, habrá muchos más contagios en la Conca que en el resto de Cataluña, ya que las tasas de mortalidad no deberían diferenciarse tantísimo.


Esta tarde me ha tocado a mí salir para comprar y tirar la basura. Los ánimos sí que están algo caldeados en el supermercado, pero también hay cajeras y clientes que no pierden la amabilidad. Me ha llamado la atención que en este súper vendieran mascarillas, ¿pero no escasean entre el personal sanitario?

lunes, 30 de marzo de 2020

Fantasías y probabilidades

Me habría gustado durante estos días explicar de primera mano qué sucede en Barcelona, pero, como todos saben, esto es imposible. Vivimos confinados desde hace dos semanas. No veo el transbordo de Diagonal ni los vagones del metro sin aglomeraciones. Tampoco la fachada de la Sagrada Familia ni la Casa Batlló libre de turistas nipones ansiosos por autorretratarse con estas joyas arquitectónicas de fondo. Sí que he visto la Rambla de Cataluña hueca, sin un alma, pero a través de la tele no vale.

Fantaseo con pasearme por la Ciudad Condal y contar cómo se mantienen distancias de un metro o metro y medio en las colas para comprar el pan, la carne o el pescado, pero eso ya lo conocemos todos, la monotonía, el no acaecer nada, la ausencia de sucesos visibles en la calle, una ciudad dormida durante el día, en apariencia moribunda, como una mañana vacía tras una noche de juerga o después de una verbena de las que marcan época. Sabemos o creemos saber, pues no salimos, salvo los pocos que emergen de su guarida para ir a trabajar a puestos esenciales pero que desearían quedarse en casa, recogidos y a salvo. ¿Qué sensación debe uno sentir sentado en un banco en Paseo de Gracia o en un bordillo en Plaza Cataluña sin nadie alrededor a las doce del mediodía? Sin apenas ruidos cotidianos o muy amortiguados, calentándose la piel al sol durante unos minutos, a solas. 

Pero estoy encerrado en casa. Solo salgo cada tres o cuatro días para comprar y cada dos o tres para tirar la basura. E incluso en espacios de tiempo más dilatados, pues me turno con mi mujer. Tampoco, la verdad, me apetece mucho vivir estas "aventuras". Al volver a casa hemos establecido un protocolo que, resumiendo, consiste en poner toda la ropa a lavar y ducharse uno entero antes de interactuar con mesas, sillas… y familia. No sé si es demasiado o no, aunque circulen recomendaciones de desinfección de este calibre. Por estas medidas no me sorprendería que el coronavirus flote en el aire, libremente, hasta que al cabo de unas horas o unos pocos días se desbarate como papel en al agua si no encuentra huésped humano en el que reproducirse.

Me decía mi mujer hace poco que no le extrañaría que cuando acabe la pandemia encuentren personas muertas en sus hogares. Esperemos que no. Pero hay muchas personas que viven y están solas y, si les ha pasado algo, quizás ningún vecino se haya enterado; incluso podrían haber llamado al 061 porque se encontraran mal y que nadie les hubiera devuelto la llamada. 

Décimo octavo día de confinamiento.

domingo, 29 de marzo de 2020

Maquiavelo y Sagan

Décimo séptimo día de confinamiento. Conversación de ultratumba de pareja enclaustrada a altas horas de la madrugada:

-¿Crees que el coronavirus puede haber tenido un origen intencionado?

-¿Cómo intencionado? ¿A lo Maquiavelo?

(Sonrisa)

-Es que a mí me extraña que eso se transmitiera de un animal a una persona y se haya esparcido de esta manera. ¿Y si es un golpe mortal de China a Occidente? Ellos mismos lo crean, detienen antes que nadie la epidemia y tienen ya la vacuna de antemano.

-Pero China no puede cantar victoria antes de tiempo. Podría haber rebrotes. Y tampoco será mortal para Occidente.

-Sí, pero podría entorpecer el progreso de Estados Unidos, y si te fijas Pekín ha cerrado fronteras exteriores.

-¿Y la economía? A ellos también les afecta el parón mundial.

-Sí, ya, pero no sé qué pensar. Como sentenciaban en la antigua Roma, ¿a quién beneficia todo esto? Si cuando pase la epidemia y vivamos los estragos de la hecatombe económica, hay un claro beneficiario, quizás sería útil tirar del dicho piensa mal y acertarás.

-Eso suena al refrán cuando el río suena agua lleva. ¿Pero y si no es un río, y si es lava, y si es una carretera? Hacen falta pruebas. Prefiero la máxima del divulgador científico Carl Sagan: “Afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria”. O sea, que ante tamañas acusaciones, pruebas irrefutables.

sábado, 28 de marzo de 2020

Contagios en España

...y en Cataluña. Décimo sexto día de confinamiento. Escuchamos en los medios la cifra de personas contagiadas por coronavirus en España. Pero todos sabemos que este no es el número de contagiados, sino la cantidad de diagnosticados. No hay tests ni medios para hacer pruebas a todo el mundo, ni a los enfermos que manifiestan síntomas leves ni, menos aún, a los asintomáticos. A estos últimos no se nos pasa por la cabeza hacernos ninguna prueba, ya que nos sentimos bien.

En España, según los últimos datos, hay 5.694 muertes por coronavirus e, insisto, 72.248 diagnosticados. ¿Pero cuántos contagiados hay? Con estos números, la tasa de mortalidad sería del 7,9 por ciento. Pero la mayoría de fuentes apuntan a que la tasa de mortalidad oscila entre el 1 y el 2 por ciento. Por ello, debemos suponer que los 5.694 muertos registrados representan entre el 1 y el 2 por ciento de los contagiados. Así, en España, con una tasa de mortalidad del 1 por ciento, el número de contagiados rondará los 569.400, más de medio millón de personas. Y con una tasa de mortalidad del 2 por ciento, será de la mitad, unos 284.700.

En Cataluña, hay 1.070 muertos y 14.263 diagnosticados. La tasa de mortalidad con estos números sería del 7,5 por ciento, muy lejos también de los porcentajes del 1 y 2 que barajan los expertos. Por lo tanto, si los 1.070 muertos representan el 1 por ciento de los contagiados, esto significa que los infectados se mueven en la cifra de 107.000, la mitad si consideramos el 2 por ciento, es decir, 53.500 contagiados.

Aún así, hay incógnitas que influyen en el resultado, como la variación de la tasa de mortalidad según la franja de edad, la supervivencia del virus en función del clima de la zona o que se hayan diagnosticado bien todas las muertes, por ejemplo.


Pedro Sánchez al fin da su brazo a torcer y ordena el confinamiento total de la población, excepto puestos de trabajo esenciales. Ayer me preguntaba cuánto aguantaría Sánchez sin extremar las medidas de confinamiento. 

viernes, 27 de marzo de 2020

Harto del los ERTE

Décimo quinto día de confinamiento, medio mes en nuestro haber.

En todo el mundo se ha superado la barrera del medio millón de diagnosticados por coronavirus.

¿Cuánto aguantará Sánchez sin extremar las medidas de confinamiento?

La contaminación desciende a niveles nunca registrados (¡solo faltaba!).

Mi mujer ha salido esta mañana a comprar. Demasiada seriedad, mal ambiente en el supermercado. Si yo fuera cajera o reponedor no me haría pizca de gracia trabajar de cara al público y encima aguantar malos modos. Como decía en una entrada anterior, aparte de quedarnos en casa, estas semanas deberíamos dirigirnos con más tacto y amabilidad a todo el mundo, en especial, a tenderas, dependientas y cualquier otro servicio de cara al público. ¡Sonría, por favor!

Más de un millón y medio de españoles ya están en el paro por la suspensión temporal de empleo, por los conocidos ERTE. Pero también hay quienes están en paro porque los han despedido -de manera definitiva- aprovechando la confusión y usando el coronavirus como excusa (estos últimos los acaba de prohibir el gobierno).

La cifra de parados a finales del año pasado estaba en 3.191.000 personas. Supongo que a finales de marzo rondaremos o superaremos los cinco millones. Según el gobierno, el Inem puede asumir los expedientes temporales, cuyo gasto el primer mes calcula el ejecutivo que ascenderá a 5.000 millones de euros, pero que se incrementará en función de lo que dure el estado de alarma. El Inem dispone de 20.000 millones de euros y, si hace falta, el gobierno destinará más dinero a paliar la sangría.

Entiendo que muchas empresas presenten un ERTE, sobre todo, las pequeñas o medianas. Pero justo ahora que se exige a los ciudadanos arrimar el hombro –y que lo hacen aunque sea a gusto o a disgusto-, grandes compañías se acogen a las suspensiones temporales. Aquí podéis ver un listado, pero entre otras, Seat, El Corte Inglés, Cirsa, Indra, Burger King, H&M, Zara, FCB Barcelona, etc.

Y me pregunto, ¿no se podría obligar a grandes empresas a que no presenten un ERTE, en especial a aquellas que alardean de beneficios cada final de ejercicio, a aquellas que realmente pueden asumir los costes? ¿Es descabellado lo que pregunto? Más que nada porque aunque muchas empresas se amparen en los ERTE, habrá una mayoría que no lo haga, aun pudiéndolo hacer, porque prefiera pagar a sus empleados pese a que no puedan trabajar durante el estado de alarma.

jueves, 26 de marzo de 2020

La vuelta

Millones de personas se encerraron durante meses en sus casas, pisos y apartamentos. Afectó a todos los países del mundo. Nadie escapó. Jugaban a las cartas, leían cómics y libros olvidados en las estanterías. Con el tiempo agotaron las películas de Hollywood y Bollywood y las series de Netflix y Amazon. Ellos mismos rodaron sus propios metrajes y los distribuyeron por las redes. Pero también agotaron su entusiasmo y creatividad.

Tiraban la basura desde la ventana. La lluvia de detritus se convirtió con los días en tormenta. Los restos de huevos, carne y pescado se esparcían por los adoquines y pintaban el asfalto de las grandes ciudades, hasta que de madrugada pasaba un equipo de limpieza, si bandadas de palomas, gaviotas y loros no hacían la faena antes. El hedor, sin embargo, se filtraba incluso en las casas más pudientes y, de ahí, que dentro de las viviendas se trajinara con mascarillas, no por el virus, sino por la peste.

Los primeros días transcurrieron veloces, repletos de novedades, noticias de muertes, recuperaciones, aislamientos, nuevos países infectados, curvas, mascarillas; pero al cabo de poco la rutina se instaló en lo que antaño llamaban hogares y que meses después se habían convertido en zulos. Las jornadas, como sobremesas de verano en las que los niños cuentan los minutos para que acabe la digestión y huir raudos a la piscina, ahogaban al más resistente. En cambio, cuando el gobierno anunció la efeméride del primer contagio, nadie pudo creer que ya hubiera pasado un año, como si hubiera sido no visto y visto.

Meses después la gente dejó de trabajar en las ciudades y grandes pueblos. Solo el primer sector, el ejército y algunos especialistas para custodiar centrales eléctricas se mantenían en sus puestos. Pero hubo un goteo de deserciones: sanitarios, soldados y ganaderos no querían contagiarse. La violencia en los hogares aumentó al principio, hubo parricidios e infanticidios, más de lo habitual en época de salud. Pero con el tiempo casi toda actividad, legal e ilegal, cesó. Tan solo se comía y se dormía. Casi no se veía la tele ni se escuchaba la radio ni había tráfico en internet. Las multinacionales sucumbían y los mercados de futuro miraban al pasado.

Por eso, dos años, tres meses y una semana después del estallido de la epidemia, cuando un no se sabe quién del gobierno anunció que ya no había nadie contaminado, que la vacuna había llegado por fin y que todo el mundo podía salir a celebrarlo y a empezar a llenar oficinas, supermercados y parques, nadie respondió a la llamada. Todoterrenos y helicópteros militares recorrieron por tierra y sobrevolaron por aire las ciudades, altavoz en ristre, anunciando la buena nueva primero, y, a los pocos días, al no hacer nadie caso, conminando a los ciudadanos para que volvieran a sus puestos so pena de cárcel. Pero ya ni un alma apareció. “¿Cárcel?”, sonreían, “¡mamma mía!”.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Muertes por coronavirus

Décimo tercer día de confinamiento. Desde que empezó a conocerse la epidemia del coronavirus, se ha hablado mucho de la tasa de mortalidad del virus y, de momento, no se sabe con seguridad cuál es. Se barajan varios porcentajes según la región, ciudad, el momento y la franja de edad. Además, como se desconoce el número real de infectados –ya que solo se saben a ciencia cierta los diagnosticados-, lo más probable es que la tasa de letalidad sea aún más baja que las publicadas en medios. Pero, según algunos investigadores, la media está en el 2 por ciento, aunque podría ser del 1 o incluso menos.

Tomaré la media del 2 por ciento -que es la que más he oído- para ver cuántas personas podrían morir en España por el coronavirus si no se hubiera hecho nada para protegernos (ni confinamientos, ni distancias sociales, ni guantes, ni gafas, ni mascarillas, ni lavados de manos, ni cuidados médicos, etc). Insisto, si no se hubiera hecho nada de nada al respecto.

Hay otro dato que necesitamos saber para calcular el número posible de defunciones. Se trata del potencial de contagio. Algunas fuentes hablan de entre el 60 y el 80 por ciento de la población. ¿Dónde he oído este dato? En un especial informativo sobre el coronavirus refiriéndose una presentadora a unas declaraciones que hizo la cancillera alemana. ¿De dónde sacó este porcentaje Angela Merkel? Lo ignoro. Pero el experto al que preguntaba la presentadora, el jefe de epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, Antoni Trilla, lo dio por bueno y explicó que hay un porcentaje de personas que no se contagia debido a su fisiología. En todo caso, tomaré el porcentaje más optimista, el del 60 por ciento, para el potencial de contagio.

Ahora ya es fácil calcular el número total de defunciones por coronavirus en España, y en cualquier otro país o región del mundo, si –insisto- no se hubiera hecho nada para frenarlo. España tiene unos 47 millones de habitantes. Si se contagiara el 60 por ciento de la población, serían 28,2 millones infectados. Y si tomamos la tasa del 2 por ciento, la mortalidad alcanzaría las 564.000 personas. Si fuera del 1 por ciento, sería de 282.000 españoles.

En Cataluña, con 7,6 millones, la mortalidad alcanzaría las 91.200 personas. Y en el mundo, con unos 7.770 millones, los 93 millones. Con la tasa del 1 por ciento, en Cataluña hablaríamos de 45.600 personas y en el mundo de 46,5 millones.

Repito que este es un cálculo teórico. Es muy probable que la tasa de mortalidad sea mucho más baja que el 2 por ciento, que ronde el 1 por ciento o menos, y que el potencial de contagio a la población sea desconocido. Y no olvidemos que se han puesto medidas para frenar la propagación.

martes, 24 de marzo de 2020

España se acerca a China

...en número de muertes por coronavirus. Décimo segundo día de confinamiento.

El miércoles pasado escribía que Italia se aproximaba al número de víctimas de China. Este martes es España quien se acerca a la cifra de fallecimientos de China, a unos 300 de distancia. En 24 horas o poco más, les rebasaremos si no se obra un milagro. Italia ha vuelto a las andadas y aumenta de nuevo el número de contagios, con 743 casos en un día. Pero el ritmo de crecimiento de la epidemia es más rápido en España que en Italia.

En Cataluña por segundo día hay más contagiados que en Madrid.

La Fiscalia investiga la muerte por coronavirus de 22 abuelos en dos residencias geriátricas cercanas al municipio de Igualada.

El número de expedientes temporales de regulación de empleo (ERTO) en Cataluña asciende a 244.260, algunos injustificados según sindicatos.

El FMI advierte que la crisis que se avecina será peor que la del 2008, como si esta se hubiera superado.

La OMS avisa de que el próximo epicentro de la pandemeia se trasladará a Estados Unidos. Trump sopesa relajar las medidas.

El número de muertes por el coronavirus en el mundo roza los 20.000, supongo que mañana superaremos esa cifra. Y el número de contagiados por el covid-19 en todo el orbe se acerca al medio millón.

Esto es una m.

lunes, 23 de marzo de 2020

Buenas noticias en Italia

Undécimo día de confinamiento. Me alegra haberme equivocado. Hace dos días pronosticaba que las muertes en Italia pronto se contarían por miles. Pero en los dos últimos días las cifras arrojan esperanza. Entre el viernes y el sábado murieron 793 personas. Entre el sábado y el domingo la cifra descendió a 651. Y entre ayer y hoy lunes ha bajado hasta 601. No hay que cantar victoria –en otros momentos ha habido altibajos en la progresión de fallecimientos-, pero es una muy buena noticia.

Las clases con C se han reanudado esta mañana, pero sin éxito completo. He conseguido que repasara las tablas de multiplicar y que hiciera un problema. Pero hoy es el primer día que ha habido rebelión a bordo y se ha liado la marimomorena, por lo que he preferido suspender las clases. A la tarde, ya más tranquilos profe y alumna, hemos empezado a dibujar y pintar un cartel para colgarlo en la ventana. La idea de qué mensaje escribir ha sido toda de C.

¿Cómo podemos ayudar a combatir el coronavirus desde casa? Poco podemos hacer salvo recluirnos y salir lo mínimo indispensable para tirar la basura y comprar. También ser especialmente amables con cajeras y reponedoras. Pero me gustaría hacer más. Admiro a esas personas que se han organizado para confeccionar mascarillas, fabricar respiradores con impresoras 3D o incluso preparar comida para los sanitarios.

A mi hija le he dicho que cuando sea una yaya seguro que alguien le preguntará cuántos años tenía cuando la pandemia y qué recuerda del confinamiento. Porque de esta crisis sanitaria y social, nos acordaremos toda la vida, como nos acordamos del 11S , el 11M y el uno de octubre.

domingo, 22 de marzo de 2020

Tirar la basura

Décimo día de confinamiento. Dos noticias en mi casa. Primera, ha sido el noveno cumpleaños de C. Tuvimos que cancelar la fiesta con amigos y ella pensaba que no celebraríamos nada, pero por lo menos hemos hecho un pequeño pastel casero y le hemos regalado una mochila que le habíamos comprado hace tres semanas. Guardábamos la vela con el número ocho del año pasado, la he modificado un poco y ha pasado por la de nueve. Le ha hecho muchísima ilusión la “fiesta sorpresa”; la verdad, no me lo esperaba.

Segunda, he salido a tirar la basura al mediodía. Mucho silencio. Preferiría quedarme en casa, no quiero ni bajar la basura ni ir a comprar.

Está bien que aparezcan los presidentes en la tele para informar o hacer acto de presencia por lo menos. Pero el presidente español, Pedro Sánchez, se alargó en exceso anoche para no decir prácticamente nada. Debería haber sido más escueto y focalizar el mensaje en menos puntos.

Cuando todo pase, espero que haya alguna comisión de investigación para evaluar y aprender de las acciones o inacciones de los gobiernos central y autonómico. Por mucho que se diga que ahora es momento de arrimar el hombro, que sí, no creo que debamos olvidar que en ambas administraciones ha habido incompetencia y negligencia.

Para mí, hay dos preguntas esenciales. Una, ¿cómo los sistemas sanitarios de las comunidades autónomas no hicieron acopio de material básico para sanitarios, como son mascarillas, batas, gafas protectoras, respiradores o test para la detección del coronavirus, cuando vieron lo que ocurría en China? Y dos, ¿por qué el gobierno central se empeña en justificar que no haya confinado a Madrid a su debido tiempo y que no haya decretado el paro de todo puesto de trabajo no esencial?

Supongo que esperan que, con las medidas restrictivas hasta ahora impuestas, bajen los contagios, pero quizás con un confinamiento total –como se ha hecho en China o ahora en Italia- los contagios declinarían aún más rápido, lo que se traduciría en menos muertes. Y esto es algo que tendrían que explicar.

Alguien dirá que a toro pasado es fácil criticar. Sin embargo, cualquier gobierno debería siempre preparar protocolos de crisis para todo tipo de escenarios, sobre todo los más catastrofistas. Más viviendo en un mundo globalizado.

sábado, 21 de marzo de 2020

Videochat con amigos

Noveno día de confinamiento. Las noticias de la pandemia son nefastas. Desde ayer han muerto en Italia 793 personas, 4.825 en total. En breve, se contarán por miles al día si no se llega pronto al punto de inflexión, que hace 48 horas los medios situaban para dentro de dos semanas. Pero España no va a la zaga. Y por millares puede que también los contemos pronto. Deseo equivocarme.

La monotonía hace acto de presencia en el hogar –aunque no de forma apabullante- tras unos días de novedades debidas a la pandemia del coronavirus. El único cambio que he vivido en el fin de semana es el hecho de que este sábado no he dado clases a mi hija. Ya veremos cuando llevemos más semanas cómo nos afecta a todo el mundo El día de la marmota.

En casa procuramos salir a comprar lo menos posible, incluso evitamos tirar la basura todos los días. Este viernes no la tiramos, este sábado tampoco, pero este domingo supongo que sí: habremos acumulado tres bolsas y varias botellas de plástico.

¿Quién lo pasa peor en un confinamiento: solteros, parejas o familias con niños pequeños? Esta mañana he hablado por vez primera a través de videochat con tres amigos: dos solteros y dos emparejados con hijos. Los cuatro pensamos que las parejas sin hijos pasan mejor el confinamiento. Casi se me figura a mí como un paraíso. Ya no ha habido unanimidad en cuanto a la elección entre solteros y familias con hijos pequeños. Para mí, con un niño de 21 meses y una niña de nueve, no hay color.

El hijo de uno de mis amigos cumplía hoy cuatro años. Como sus padres cancelaron la fiesta, pero tienen patio en el interior de una manzana, un montón de vecinos le han felicitado desde la ventana esta tarde. Debe de ser un vecindario bien avenido, o quizás sean las circunstancias, porque hay más.

Por segunda vez, un pinchadiscos ha montado en su balcón una discoteca durante una hora después del aplauso a los sanitarios. Y, ojo, que he visto un vídeo y, en la oscuridad de la noche, con la música retumbando a todo trapo y las luces psicodélicas danzando como luciérnagas de extraño color, parece en efecto una disco al aire libre; bueno, supongo que de hecho lo es, pero sin cobrar entrada.

Los vecinos ayer jugaron a un bingo. El premio consistía a bajar a pasear a la perra labrador de mi amigo. Un chiste corre por tuiter: “Expresiones populares para dentro de 40 años: (…) Cuando yo era joven el que tenía perro era un privilegiado”. Pero dice mi amigo que de momento nadie se ha cobrado el bingo.

viernes, 20 de marzo de 2020

Prejuicios

Octavo día de confinamiento.

En un máster de mineralogía en una prestigiosa universidad norteamericana un grupo de estudiantes debía responder en un examen qué minerales había encima de la mesa. Podían olerlos, manosearlos, rascarlos, cogerlos, etc. Los aspirantes desfilaban ante las piedras y anotaban en su cuaderno el nombre de cada uno de los diez elementos expuestos.

Pero, de manera sistemática, todos los alumnos dejaban un espacio en blanco. Había una roca grande como un puño, amorfa, muy pesada y de color oro, que les tenía intrigados. Parecía oro, pero nadie se atrevía a identificarla como tal porque… ¿qué iba a hacer allí esa enorme pepita, con los miles de dólares que debería haberle costado a la facultad? Cuando corrigieron el ejercicio los alumnos esperaban expectantes para conocer el nombre del misterioso mineral. Y sí, contradiciendo el dicho, oro parecía, oro era.

El profesor colocaba el metal precioso siempre en el examen. Quería aleccionar con ello a los científicos para que vieran que también ellos, los investigadores, podían ser pasto de suposiciones, creencias, invenciones. Anhelaba así el maestro que sus pupilos fueran vigías de sí mismos, de los vaivenes de su cognición, que desconfiasen de las ocurrencias, que discernieran juicios de prejuicios. Insisto: “Parecía oro, sí, pero, ¿qué iba a hacer una pepita de semejante tamaño y con el consiguiente valor económico en la universidad?”.

Si investigadores de ciencias naturales pueden llegar a estar condicionados por prejuicios, cómo no lo estaremos el resto de mortales, gobernantes más si cabe debido a presiones ideológicas y económicas. Aparte de los recortes que han mermado la sanidad pública durante la crisis, me imagino algunos prejuicios respecto a la epidemia del coronavirus que podrían haber entorpecido a su debido tiempo la toma de decisiones cruciales: “Nuestro sistema sanitario está más preparado, vivimos en Europa, el ombligo del mundo, cuna de la civilización, de la ciencia, el mundo es como es por Europa, a nosotros no nos pasará lo mismo, nunca ha ocurrido algo así en la historia moderna de Occidente; en China es normal, es una dictadura, hace poco todos vivían aún en el campo, el analfabetismo campaba a sus anchas, iban en bici y carromatos”.

Ya es primavera.

jueves, 19 de marzo de 2020

Esperar lo mejor, prepararse para lo peor

Séptimo día de confinamiento. En la puerta del supermercado una dependienta hace las veces de portera y nos deja pasar de tanto en cuanto. La cola avanza a buen ritmo. Comenta que la policía ha multado a una pareja que paseaba el perro porque está prohibido ir más de uno solo por la calle. Una vez dentro, una mujer de la limpieza se afana frotando con una bayeta las cestas de compra. Los clientes mantenemos la distancia de seguridad de manera disciplinada.

Respiro seriedad en el ambiente. Una cajera indica a un cliente que debe colocarse, “más o menos”, le dice, “por donde está la marca”, una línea pintada de blanco en el suelo que mantiene al señor a un metro de la dependienta. Acaba con un cliente y desinfecta zonas con un espray. Cajeras y farmacéuticos también deberían protegerse con mascarilla, pero, claro, no hay suficientes.

Me abstengo de hablar de datos. Me resulta hoy algo tedioso. Si los queréis consultar, aquí los ofrecen de cualquier país. Pero todos ya sabemos que Italia ha superado a China en número de muertes por coronavirus y que en España buscan médicos y enfermeras hasta por debajo de las piedras: jubilados, recién licenciados, estudiantes de último curso de medicina, etc. El covid-19 se ha cebado con sanitarios de manera especial.

miércoles, 18 de marzo de 2020

¿Qué necesitan?

Sexto día de confinamiento. Más de 14.500 diagnosticados, casi 3.000 más que ayer, y 638 fallecidos en España. En Cataluña, 2.702 casos, 836 más, y 55 muertes.

Pero quiero fijarme en Italia, donde ha habido solo este miércoles 475 defunciones, que suman 2.978 en total. Esta cifra se acerca a las 3.237 víctimas mortales de China, pero Italia, con sus 60,5 millones de habitantes, se sitúa a años luz de los 1.439 millones de China. La pandemia en el gigante asiático declina, en Italia, aún no se ha alcanzado el pico. Y España parece que sigue los pasos italianos. China cerró Wuhan –una ciudad de 7 millones de habitantes; 11, en su área metropolitana- con 500 casos y 17 muertes.

De cuánto servirá el confinamiento parcial en el que estamos inmersos si hay empleados que siguen acudiendo a sus puestos pese a que su trabajo no es esencial. ¿Por qué no se cerró Madrid? ¿Por qué no Cataluña? ¿Por qué no se envía a todo trabajador prescindible a casa?

Al igual que un director de escuela que se precie pregunta primero a su claustro, tal proceder hubiera esperado del presidente español: “¿Qué necesitan? ¿En qué y cómo podemos ayudarles?”. Un gobierno habría preguntado esto a todas las comunidades autónomas, ayuntamientos, sindicatos, patronales, asociaciones, ONG, etc, si no tuviera complejos de tipo nacional. En cambio, recibimos mensajes de unión con, a mi entender, un claro trasfondo político.

En fin, espero que llegue pronto el calor y el coronavirus sea estacional.

En el supermercado de al lado de mi casa, sigue habiendo problemas para comprar papel higiénico y huevos, entre otro género. Y eso que un cartel anuncia que solo se permite adquirir un producto por persona. En Dinamarca, más originales, ante la avalancha de compras de gel de manos desinfectante, han lanzado la antioferta: “Uno 5 €, dos, 135€ cada uno”.

Seguimos con las clases en casa: cálculo, problemas, escritura, inglés, ciencias, plástica, lectura… Dedicamos cada mañana entre dos y dos horas y media, tres como máximo. Estamos dale que dale con las tablas de multiplicar: recitadas, salteadas, por escrito o en ordenador. A mediodía hemos enviado una foto de C al Info-K, el informativo de la Televisión de Cataluña (TV3) para niños, en la que aparecía estudiando con una careta multicolor pintada por ella.

Como cada noche a las ocho, decenas de vecinos, seguramente millones en toda España, se apoyan en sus alféizares para animarse unos a otros y ovacionar a sanitarios y otros profesionales que no tienen más remedio que bregar contra el virus. C nos ha acompañado, y, cuando llevaba un minuto aplaudiendo, me suelta riéndose, divertida ella: “¿Pero por qué aplaudimos!”. Una hora después -había una cacerolada contra el Rey de España-, me ha preguntado que por qué hacían ruido ahora los vecinos. Y le he respondido que porque no les gusta lo que dice y hace el que habla por la tele.

martes, 17 de marzo de 2020

¿Quién da de comer a las palomas?

Quinto día de confinamiento. Las noticias siguen siendo malas. Más de 520 muertes por coronavirus en España, unas 190 más que el recuento de ayer.

La Unión Europea ha cerrado sus fronteras durante 30 días. El presidente español, Pedro Sánchez, ha anunciado un paquete de ayudas económicas para paliar la crisis –temporal, dice- que desatará la epidemia. Me ha extrañado que solo se dediquen 30 millones de euros a investigar la vacuna. Pero está bien que los despidos temporales no consuman subsidio por desempleo. Mientras tanto, salta la noticia de las cuentas millonarias que el Rey emérito Juan Carlos I posee en el extranjero.

Esta mañana he salido a comprar fruta y carne. Tanto el charcutero como la frutera se protegían boca y nariz con mascarilla, y en ambas tiendas los clientes accedíamos con cuentagotas: de tres en tres en la carnicería y de uno en uno en la frutería, y separados. Ahora, cierran el Bon Preu al mediodía y la panadería no sé qué horario hace, porque al mediodía estaba cerrada.

¿Quién da de comer a las palomas? El silencio en mi barrio –en Horta, Barcelona- no era sepulcral, pero casi. Poca gente transitaba por la calle y muchos con mascarilla. Cuando empezaron a llegar noticias de Wuhan mi mujer y yo sopesamos comprar mascarillas, y, cuando finalmente nos decidimos, a mediados de febrero, se habían agotado las existencias; las personas con las que me he cruzado esta mañana debieron de comprarlas mucho antes.

De nuevo el vecindario se ha asomado por la ventana esta noche a las ocho para aplaudir a sanitarios y otros profesionales que están en primera línea, como limpiadoras, cajeras y transportistas, pero la ovación también ha servido esta vez, seguro, para que el personal se desfogue. Se han oído silbidos y gritos, uno arengaba: “¡Ya queda menos!”.

Tengo la sensación de que el interés por el coronavirus ha menguado en las redes sociales en pocos días. Ya no hay saturación en whatsapp, por ejemplo. Quizás la gente nos hemos dado cuenta de que esto va para largo y nos sentimos hastiados y con ganas de aislarnos un poco de las malas noticias del Covid19.

Que decaiga la atención no significa que desaparezca. Cuando he salido a comprar he oído tres o cuatro conversaciones, o partes de ellas, cazadas al vuelo. Todas trataban del coronavirus. En la primera, una chica camina deprisa con el móvil en la oreja: “Es que en todas las tiendas de mi barrio hay colas en la acera”. En la segunda, un chico le dice a otro: “Putin lo hizo bien en Rusia, que cerró fronteras”. Y en la tercera: “Dicen que hay perros que tienen agujetas”.

lunes, 16 de marzo de 2020

Papel higiénico

Cuarto día de confinamiento. El gobierno de España cierra fronteras terrestres, cuando ya muchos países lo han hecho antes con España, pero no clausuran aeropuertos, puertos y estaciones. Continúan millones de ciudadanos acudiendo a trabajar, pese a que hay especialistas en enfermedades infecciosas, como Oriol Mitjà, que instan a restricciones mayores en el ámbito laboral. La Unión Europea quiere cerrar fronteras exteriores.

Las clases con C han ido mejor de lo esperado. Creo que le ha gustado que le haya hecho de profesor, pero ya veremos qué pasa después de la novedad. Esta mañana, hemos estado cerca de dos horas trabajando tablas de multiplicar, sumas, restas y problemas, así como ortografía y plástica. Mañana quiero insistir en las tablas, y después estudiar algo de inglés y el proyecto de ciencias.

N ha salido a comprar esta tarde. En la farmacia, un chico joven con mascarilla ha pedido el mejor producto para atacar la tos seca, se le veía asustado, me cuenta. Otro cliente ha pedido mascarilla y los farmacéuticos, que atienden a la clientela sin protección facial, le han contestado que ya no tienen ninguna, que el Ministerio las requisa. Esta es la preparación eficaz que el gobierno afirmaba tener para defendernos del coronavirus. En el Bonpreu solo dejaban entrar en grupos de cinco personas. El supermercado continúa con estanterías vacías, que se vacían por la mañana, papel higiénico incluido.

En las redes se mezclan como en un arroyo noticias pésimas –la curva no se aplana, ni mucho menos- con bromas de las más ingeniosas, como el tipo que convoca a los españoles a enseñar el culo por la ventana en agradecimiento a los fabricantes y reponedores del papel higiénico por estar al pie del cañón.

domingo, 15 de marzo de 2020

Las lecciones del Titanic

En 1912, el Titanic, el buque más grande de su tiempo, se hundió en aguas del Atlántico norte en su primera singladura tras colisionar con un iceberg. Perecieron más de 1500 personas de las 2223 que iban a bordo.

De aquel naufragio se extrajeron varias lecciones. Enumero algunas. El telégrafo debería estar activo durante las 24 horas del día, las bengalas de auxilio serían siempre de color blanco, los barcos deberían construirse con doble casco hasta la línea de flotación, habría botes salvavidas para todos los pasajeros y tripulantes, los marineros tendrían formación en maniobras de salvamento, los compartimientos estancos alcanzarían el nivel de cubierta y una patrulla localizaría y controlaría el desplazamiento de los icebergs.

¿Resultado? Según Wikipedia, desde entonces nunca más ha habido muertes por naufragios debido a un iceberg. Y seguro que tales medidas han salvado muchas más vidas en el mar.

Estaría muy bien que de la crisis del coronavirus se extrajeran lecciones. No estoy seguro de que vaya a ser así. Ha habido muchas catástrofes desde el naufragio del Titanic y los seres humanos seguimos matándonos en guerras, hambrunas, enfermedades, crímenes y otros padecimientos. Y podríamos dedicarnos a hacer un vergel en la Tierra. Puede que como esta epidemia ha tocado a todo el orbe, incluso a mandatarios, aprendamos algo al respecto, por lo menos en lo que se refiere a salud pública.

¿Se hará más caso a científicos y especialistas? ¿Se invertirá más en I + D? ¿Los investigadores deberán huir del país para poder desarrollar su carrera? ¿Tendrán mejores oportunidades laborales el personal sanitario? ¿Se aumentará la inversión en la sanidad pública? ¿Recordaremos cómo de imprescindible es cualquier puesto de trabajo, como una limpiadora o una cajera de supermercado? ¿Seremos más exigentes contra la corrupción, la explotación y el latrocino?

Soy escéptico. Pero alguna vez lo hacemos y mejoramos.