martes, 12 de mayo de 2020

Educación híbrida

Los maestros y profesores trabajan programando clases, elaborando materiales, diseñando actividades y recursos, enseñando en clase, preparando entrevistas con las familias y con los alumnos, corrigiendo actividades, trabajos y exámenes, redactando informes, asistiendo a reuniones de claustro y de nivel, arbitrando conflictos escolares, perteneciendo a diferentes comisiones, reuniéndose con especialistas externos, concertando excursiones y colonias, decorando clases y pasillos, participando en jornadas especiales, actualizando blogs o webs, formándose y adaptándose a nuevos centros y rutinas si son interinos... Y me dejo otras faenas. No olvidemos también que cuando, por ejemplo, crean material han de diseñarlo para alumnado con diferentes necesidades: ejercicios de ampliación, de profundización o de refuerzo, etc.

Quizás algunos diréis: “¿Y? Es su trabajo”, o bien, “Oiga, que yo también curro mucho”. Cierto, pero los docentes no suelen meterse en que en tal oficio o tal otro no se hace nada o se trabaja muy poco. Usted trabaja mucho, sí, pero los docentes también, mínimo como usted. ¿Hay excepciones? Sí, como en su profesión y en la de cualquier otro. Ya, pero ellos trabajan por vocación. Hay los que sí y los que no, pero que disfruten con su oficio no significa que no sea una profesión agotadora.

Durante los días y semanas que dura la epidemia del coronavirus muchos docentes envían actividades a los alumnos a través de internet, ya sea por correo, ya por webs, ya por videollamadas u otros medios. Es una forma nueva de hacer clases de forma sistemática y generalizada en la enseñanza obligatoria. Las clases en línea se han planteado como una manera de seguir en contacto con el alumnado, pero en ningún caso como un sustituto de las presenciales. Entre otros motivos, porque hay alumnos -en especial los de infantil y primeros cursos de primaria, pero incluso más allá- hay alumnos, digo, que no son lo suficientemente autónomos como para atender una clase en internet por sí solos; necesitan la ayuda del adulto, tanto para la tecnología como para la comprensión de las tareas. Muchos no comprenden qué se ha de hacer en un ejercicio, por mucho que lo lean, lo relean, lo vean o lo revean. Y la profesora no está ahí para que el niño levante la mano y diga que no lo entiende. Tampoco está el compañero. Es la madre o el padre quien debe hacer de maestro a la vez que de madre y padre. Pero los progenitores también cuentan con dificultades: el trabajo, la actitud, la formación, la paciencia, etc. Aún así, quien más y quien menos sigue las clases como puede. En definitiva, el contexto de casa es muy diferente al del colegio.

De cara al curso que viene alguien baraja la posibilidad de impartir clases híbridas, es decir, en línea y presenciales a la vez, como medida para impedir rebrotes del coronavirus o, por si los hubiera, no tener que cerrar otra vez los centros. Una cosa es preparar algo de faena a un alumno que se marcha de viaje durante dos semanas, otra es hacer un seguimiento como ahora ocurre. Pero una tercera muy diferente es tutorizar dos grupos y, encima, en ambientes y en condiciones distintas. Si rebrota el coronavirus, no sé qué medidas proyecta el gobierno, pero no me parece eficiente la educación híbrida, ni justa para los alumnos, ni para los padres, ni para los docentes. Es una opción, pero raya la locura. Si llegan a implantarla, espero que la administración contrate a más docentes para apoyar o tutorizar los grupos que aparezcan como setas en diferentes puntos del país. ¿Y quién ayudará a los padres?

Quincuagésimo noveno día de confinamiento.

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