El conseller d’Educació de Catalunya, Josep Bargalló, ha anunciado que los colegios reabrirán cuando la zona a la que pertenecen esté en fase 2. Esto puede empezar a ocurrir el próximo 1 de junio. Los centros acogerán a los alumnos sin impartir clases, que continuarán de manera telemática. No podrán ir a la escuela e insitutos todos los alumnos, sino solo aquellos con mayores necesidades y cuyos padres precisen apoyo. En todo caso, se priorizará la asistencia de los niveles de final de etapa de Primaria y de Secundaria.
Argumenta el responsable de Educación que con la reapertura se busca el acompañamiento tutorial y emocional de todo el alumnado. Esto del acompañamiento emocional a todo el alumnado no me convence. La mayoría de niños volverán contentos y felices al cole –o obligados- cuando les toque, ahora o en septiembre. Podría haber el peligro de que alumnos de otros niveles se apuntaran al carro y que los coles se abarrotaran como los primeros días de desconfinamiento hubo aglomeraciones de pequeños y de deportistas en las calles.
Pienso que el departamento de Educación debería centrar esfuerzos y recursos en preparar, organizar y gestionar el curso que viene. En septiembre, no habrá ni espacios ni profesores suficientes para separar los cursos en dos grupos de alumnos si al final se exigen los ratios que ahora se prevén de, como mucho, 15 alumnos por aula. Me parece suficiente trabajo como para ponerse a inventar ahora qué hacer en junio. ¿Ha pensado el conseller que los profesores deberán cuidar en el cole a los alumnos y en casa seguir con los trabajos on line? Porque es doble faena. Pero ya que estamos, no estaría de más que los docentes pudieran preparar las clases telemáticas con los recursos del centro de trabajo y no con los propios de casa como hasta ahora.
Por lo que se refiere a la salud y a la pandemia, me imagino que si sigue el calor y no hay ningún rebrote, en pocos días o semanas las infecciones y muertes por coronavirus descenderán hasta casi cero o a cero. Pero el covid-19 puede continuar circulando mientras los alumnos y docentes interactúen en los institutos y coles, con el consiguiente peligro para todos: niños, profesores, familias y sociedad en general.
Sexagésimo séptimo día de confinamiento.
Argumenta el responsable de Educación que con la reapertura se busca el acompañamiento tutorial y emocional de todo el alumnado. Esto del acompañamiento emocional a todo el alumnado no me convence. La mayoría de niños volverán contentos y felices al cole –o obligados- cuando les toque, ahora o en septiembre. Podría haber el peligro de que alumnos de otros niveles se apuntaran al carro y que los coles se abarrotaran como los primeros días de desconfinamiento hubo aglomeraciones de pequeños y de deportistas en las calles.
Pienso que el departamento de Educación debería centrar esfuerzos y recursos en preparar, organizar y gestionar el curso que viene. En septiembre, no habrá ni espacios ni profesores suficientes para separar los cursos en dos grupos de alumnos si al final se exigen los ratios que ahora se prevén de, como mucho, 15 alumnos por aula. Me parece suficiente trabajo como para ponerse a inventar ahora qué hacer en junio. ¿Ha pensado el conseller que los profesores deberán cuidar en el cole a los alumnos y en casa seguir con los trabajos on line? Porque es doble faena. Pero ya que estamos, no estaría de más que los docentes pudieran preparar las clases telemáticas con los recursos del centro de trabajo y no con los propios de casa como hasta ahora.
Por lo que se refiere a la salud y a la pandemia, me imagino que si sigue el calor y no hay ningún rebrote, en pocos días o semanas las infecciones y muertes por coronavirus descenderán hasta casi cero o a cero. Pero el covid-19 puede continuar circulando mientras los alumnos y docentes interactúen en los institutos y coles, con el consiguiente peligro para todos: niños, profesores, familias y sociedad en general.
Sexagésimo séptimo día de confinamiento.
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