lunes, 4 de mayo de 2020

Desatascar el váter

En estos días de confinamiento hemos roto el cristal de una ventana, que no hemos reparado porque el seguro no dispone de ningún cristalero en estos momentos. Se nos ha estropeado la batidora y hemos comprado una en una tienda de electrodomésticos de mi barrio que vi que aceptaba pedidos; nos hacía falta porque el benjamín de la casa aún toma papillas. Pero lo gordo ha sobrevenido hoy. Se nos ha atascado el inodoro. Nunca nos había pasado; desagües taponados en el lavamanos o en la pica de la cocina, a mansalva, pero no en el retrete. Ya me veía llamando a una cuba y fastidiando a los vecinos.

Mi mente removía con ansia en el almacén de la memoria para descubrir o inventar maneras eficaces y sencillas de arreglar el desaguisado. Pruebo con una especie de alambre en espiral que me ha servido a veces para desatascar picas, pero nada. Después opto por hervir agua en una olla, a ver si con agua caliente se deshace el tapón. Pero, entonces, mientras espero, se me ocurre hurgar en la memoria virtual, aquella que flota en la nube, es decir, en internet. ¡Y, listo, este fontanero me ha alegrado la tarde! Con la fregona he desatrancado la obstrucción en un santiamén.

¿Veremos injertar un chip en el cerebro humano que nos conecte a internet, aumentando así nuestra capacidad de memoria? La pregunta no creo que sea si lo veremos, sino cuándo sucederá. Y no creo que tardemos mucho en ver algo así, si es que no existe ya.

***

Este lunes es la segunda vez que salgo a pasear con mis hijos. Hemos tenido la suerte de que nuestra calle es una de las 44 vías de Barcelona que se han cerrado al tráfico durante dos semanas como medida para mitigar el contacto del coronavirus entre transeúntes. La Celia se ha lanzado con los patines por en medio de la calzada, hasta abajo del todo, tres o cuatro veces. Treinta segundos tardaba, los he cronometrado.

Quincuagésimo primer día de confinamiento

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