Vigésimo quinto día de confinamiento.
No, no me refiero a la luz al final del túnel de la epidemia, sino a brotes verdes, simple y llanamente. Quiero decir que la primavera se abre camino. Algún árbol de mi calle comienza a brotar. Se me ha ocurrido que intentaré fotografiarlo cada día a la misma hora para montar un vídeo del crecimiento de las hojas hasta que las ramas rebosen y verdeen. Supongo que el proceso durará un par de semanas a más tardar y, para entonces, sí, adivináis, aún seguiremos confinados. Puede que no todos, pero sí muchos.
También se me ha ocurrido que de tanto en cuanto me asomaré a la ventana para fotografiar transeúntes con mascarilla, en una especie de fotografía documental, callejera, disparada desde el alféizar, que publicaré en instagram o en un blog de foto que tengo. Aún lo tengo que decidir.
A última hora de la tarde he tenido que salir y comprar gotas para el dolor de oídos en la farmacia. De paso he tirado tres bolsas de basura, de tres días, y he ido a comprar al súper. En la farmacia, he preguntado si ya vendían mascarillas y me han contestado que no. Cuando le he contado que en el súper me ofrecieron hace unos días mascarillas se ha extrañado y me ha asegurado que no protegerían mucho, que a ellos les han prohibido regalar unas de tela que les donaron, de lo inefectivas que eran, me dice. En esto de las mascarillas hay batiburrillo de información, y uno ya no sabe a qué atenerse. Pero diría yo que mejor un pañuelo o algo casero que nada.
No, no me refiero a la luz al final del túnel de la epidemia, sino a brotes verdes, simple y llanamente. Quiero decir que la primavera se abre camino. Algún árbol de mi calle comienza a brotar. Se me ha ocurrido que intentaré fotografiarlo cada día a la misma hora para montar un vídeo del crecimiento de las hojas hasta que las ramas rebosen y verdeen. Supongo que el proceso durará un par de semanas a más tardar y, para entonces, sí, adivináis, aún seguiremos confinados. Puede que no todos, pero sí muchos.
También se me ha ocurrido que de tanto en cuanto me asomaré a la ventana para fotografiar transeúntes con mascarilla, en una especie de fotografía documental, callejera, disparada desde el alféizar, que publicaré en instagram o en un blog de foto que tengo. Aún lo tengo que decidir.
A última hora de la tarde he tenido que salir y comprar gotas para el dolor de oídos en la farmacia. De paso he tirado tres bolsas de basura, de tres días, y he ido a comprar al súper. En la farmacia, he preguntado si ya vendían mascarillas y me han contestado que no. Cuando le he contado que en el súper me ofrecieron hace unos días mascarillas se ha extrañado y me ha asegurado que no protegerían mucho, que a ellos les han prohibido regalar unas de tela que les donaron, de lo inefectivas que eran, me dice. En esto de las mascarillas hay batiburrillo de información, y uno ya no sabe a qué atenerse. Pero diría yo que mejor un pañuelo o algo casero que nada.
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