martes, 14 de abril de 2020

Mi mascarilla

Un amigo me dice subiendo de comprar que hay más muertos por gripe estacional que por el coronavirus. Le he contestado que no es así. En el período 2018-2019, se estima que hubo unas 6.300 muertes por gripe y, a día de hoy, y sin haberse acabado la epidemia, ya ha habido más de 18.000 por Covid-19. Además, poco a poco, se conocerán cifras de fallecidos que ahora no se cuentan, pero que sí registran las funerarias y el Ministerio de Justicia. Recordemos que hace unos días el alcalde de Igualada denunciaba que las muertes en marzo se habían triplicado respecto del mismo mes de años anteriores, pero que solo una tercera parte se había atribuido al coronavirus.

El gobierno de España ha enviado a Cataluña 1.714.000 mascarillas. Para quien lea esto fuera de España y no lo sepa, 1714 se considera la fecha en la que Cataluña perdió la soberanía de la que hasta entonces aún disfrutaba dentro de la monarquía hispánica. Es la conocida como la caída de Barcelona frente a las tropas borbónicas. Pero la polémica no ha venido tanto porque el gobierno central haya enviado precisamente esa cantidad de mascarillas, como porque el consejero de Interior de Cataluña, Miquel Buch, haya dado por sentada la afrenta y la haya denunciado.

Para mí, la cantidad enviada no es casualidad. Ahora, dictar si el consejero Buch tendría que haber entrado al trapo o no, es más difícil. No veo descabellado que lo haya hecho. También podría ser que, Maquiavelo mediante, los ministros en Madrid buscaran el revuelo mediático para recriminar al político catalán que se dejara de independencias o combates políticos en plena pandemia -y tildarlo así de inhumano-, o, como decía un tuitero, poder llamar a los independentistas paranoicos. No he oído tales réplicas, sin embargo, desde el gobierno central, pero sí mucha befa en ese sentido en las redes. Quizás el responsable de Interior en Cataluña debería haber hecho suya la máxima: “No hay mayor desprecio que el que no hace aprecio”.

Me han ofrecido esta mañana una mascarilla en la farmacia, pensaba que no había. Total, que he comprado una FFP2 por 8,95 euros, no reutilizable. Pero, según la farmacéutica, en las actuales circunstancias de carestía, podemos esterilizarlas metiéndolas al horno durante una media hora a 70 grados centígrados. Uno ya no sabe a qué atenerse. Como no hay, ahora sí que se pueden desinfectar, ¿no? En esta página de la Consejería de Salud de Murcia aseguran que con el método de calor el efecto de filtrado se mantiene por encima del 95 por ciento. En fin, así estamos. Por lo menos, es más cómoda que la braga de cuello que llevaba hasta ahora.

Trigésimo segundo día de confinamiento.

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