Tres retazos de conversaciones, ninguna primicia ni thriller de por medio, quedáis avisados.
En mi calle han tapado con bolsas de basura las señales de tráfico de ambas aceras que prohíben aparcar vehículos durante tres meses, de manera alternativa, en uno de los lados. Me encuentro haciendo cola en una droguería con el padre de un compañero de cole de mi hija que es taxista.
-¿Sales a trabajar?
-No, solo podemos salir un día a la semana. Pero un par de veces que cogí el taxi no había faena, no había nadie por la calle.
Un hombre con cervezas de lata en una bolsa espera en la cola de la frutería. Pasa un colega y le saluda. No entiendo bien qué le dice, pero el primero les responde:
-¡Bah!, ahora me controlo, pero, al principio, primero tomaba el vermut, después, a la hora de comer, vinito o cerveza y, de postre, un par de chupitos.
-¿Y por la tarde?
-Después de la siesta me levantaba doblao; como mucho, una o dos cervezas a la tarde noche.
Vuelvo para casa con la intención de fijarme dónde aparcamos el coche hace algo ya más de un mes, pero, pensando en las musarañas que ando, me olvido por completo de mi objetivo. En la esquina de mi calle, veo a un amigo vestido con el traje de faena. Le pregunto:
-¿Pero aún trabajas?
-Los aviones siguen despegando, van poco llenos, con 20 o 30 personas. Han hecho un ERTE, pero a mí no me ha tocado.
El Gobierno de España ha desestimado publicar las muertes sospechosas por coronavirus, tal y como lo hace desde hace unos días el Govern de Cataluña. Desde Barcelona, ahora se informa al ejecutivo español de las muertes diagnosticadas de Covid-19, pero también siguen informando al público de las cifras que envían las funerarias. De esta manera el número de fallecidos casi se dobla. En España, debe de ocurrir tres cuarto de lo mismo. Si este sábado hay 7.881 fallecidos en Cataluña –4.123 confirmados en hospitales-, en España, con 20.043, la cifra debe de superar los 30.000 con facilidad, incluso los 35.000.
Trigésimo sexto día de confinamiento.
En mi calle han tapado con bolsas de basura las señales de tráfico de ambas aceras que prohíben aparcar vehículos durante tres meses, de manera alternativa, en uno de los lados. Me encuentro haciendo cola en una droguería con el padre de un compañero de cole de mi hija que es taxista.
-¿Sales a trabajar?
-No, solo podemos salir un día a la semana. Pero un par de veces que cogí el taxi no había faena, no había nadie por la calle.
Un hombre con cervezas de lata en una bolsa espera en la cola de la frutería. Pasa un colega y le saluda. No entiendo bien qué le dice, pero el primero les responde:
-¡Bah!, ahora me controlo, pero, al principio, primero tomaba el vermut, después, a la hora de comer, vinito o cerveza y, de postre, un par de chupitos.
-¿Y por la tarde?
-Después de la siesta me levantaba doblao; como mucho, una o dos cervezas a la tarde noche.
Vuelvo para casa con la intención de fijarme dónde aparcamos el coche hace algo ya más de un mes, pero, pensando en las musarañas que ando, me olvido por completo de mi objetivo. En la esquina de mi calle, veo a un amigo vestido con el traje de faena. Le pregunto:
-¿Pero aún trabajas?
-Los aviones siguen despegando, van poco llenos, con 20 o 30 personas. Han hecho un ERTE, pero a mí no me ha tocado.
El Gobierno de España ha desestimado publicar las muertes sospechosas por coronavirus, tal y como lo hace desde hace unos días el Govern de Cataluña. Desde Barcelona, ahora se informa al ejecutivo español de las muertes diagnosticadas de Covid-19, pero también siguen informando al público de las cifras que envían las funerarias. De esta manera el número de fallecidos casi se dobla. En España, debe de ocurrir tres cuarto de lo mismo. Si este sábado hay 7.881 fallecidos en Cataluña –4.123 confirmados en hospitales-, en España, con 20.043, la cifra debe de superar los 30.000 con facilidad, incluso los 35.000.
Trigésimo sexto día de confinamiento.
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