sábado, 11 de abril de 2020

Los respiradores de Seat

A un familiar mío le han despedido en plena crisis de pandemia por el coronavirus, pero la empresa no se ha acogido a un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). Los canallas se han aprovechado de la situación para “justificar” el despido por merma de trabajo. O sea que estamos ante un despido improcedente. Ahora, sin embargo, a esta persona le urgiría cobrar el paro, pero no sabe cuándo porque le han de llamar los técnicos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), al estar las oficinas cerradas. Y hay más de medio millón de catalanes en situación parecida por un ERTE. Por si fuera poco, este mes ha pagado el alquiler, pero ya no sabe si podrá pagar el próximo mes.

¿Cuánta gente que tiene que ir a trabajar este lunes dejará de hacerlo acogiéndose a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, por peligro grave? Desde la barrera se pontifica con facilidad, pero cuánto me gustaría que hubiera coraje suficiente entre los trabajadores. Y que los empresarios mostrasen dos dedos de frente.

Pocos días antes de que cerrasen las escuelas en Cataluña, un parroquiano del bar en el que tomo café me comenta con mezcla de sorpresa e indignación:
-Oye, ¡sabes que muchos bares y tiendas de chinos ya están cerrando!
-Supongo que ellos hablan a diario con familiares suyos de China y deben saber que poca broma con el coronavirus.

Seat ha dejado de fabricar respiradores para enfermos de Covid-19 porque clínicas y hospitales ya no les piden. Mi hija C., de 9 años, ha exclamado cuando ha oído la noticia en la tele:
-¡Pero que sigan fabricando, y si se les estropean?

Vigésimo noveno día de confinamiento.

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