“El colapso que no fue”. Así titula El Periódico una noticia que hace referencia al supuesto fracaso de las predicciones de un grupo de expertos sobre si el sistema sanitario español dispondría de suficientes UCIs para atender a los enfermos del Covid-19. Considero injustificado el titular, a tenor del contenido de la pieza. Y también sostengo que es un ataque despiadado hacia la figura de Oriol Mitjà.
El sistema sanitario ha pasado y pasa por serias dificultades. Y si no ha habido colapso, en el sentido de que hayan faltado UCIs, es porque como bien señala el texto se han ampliado “a toda velocidad” desde que se publicó el manifiesto, el día 21 de marzo. O sea, que el estudio no contaba con que quirófanos, salas de parto y otras habitaciones se convertirían en UCI en muchas clínicas y hospitales. Y, ojo, supongo que por colapso se entiende que no hayan faltado unidades para críticos para personas menores de 80 años, porque para los mayores de 80 con complicaciones sí que han faltado. Y me podrían replicar que antes de la epidemia, personas mayores con complicaciones ya no entraban en las unidades de críticos. Sin embargo, por lo que he hablado con dos enfermeras, una de urgencias y otra de UCIs, esto no es así con exactitud. Cierto que existía el protocolo, pero siempre se miraba si se podía hacer algo, aunque luego no sirviera.
Pero es que el sistema sanitario ha padecido –y padece- mucho más allá que por la carestía de UCIs. También por falta de camas para enfermos menos graves. Recordemos que se han habilitado hoteles y montado hospitales de campaña en muchas provincias catalanas y españolas. Recordemos que toda visita médica no esencial o urgente se ha pospuesto. Recordemos que hubo falta de previsión en medidas de protección para el personal sanitario y que faltan test de diagnóstico. Recordemos que el personal sanitario ha sufrido muchas bajas por contagio o contacto. Recordemos que se ha llamado “a filas” a médicos jubilados, médicos de otras especialidades y a estudiantes. Recordemos que el personal sanitario ha doblado turnos en algunos casos. Recordemos que algunos hospitales y clínicas –no sé si todos- desde hace unos días ya no reciben a enfermos de residencias de ancianos. Recordemos que el 061 durante días no podía atender a todas las llamadas en un tiempo prudencial. Recordemos que hay médicos que han alertado que no saben si podría atenderse ahora mismo una emergencia de otro tipo, como accidentes graves u otras catástrofes. Y recordemos, finalmente, que la epidemia no ha acabado.
Que, del manifiesto a la carta de The Lancet, los firmantes hayan difuminado la fecha en que faltarían unidades de cuidados intensivos no significa, a mi juicio, que el sistema sanitario no haya hecho aguas. Además, Miguel Hernán, catedrático de epidemiología de la Universidad de Harvard, al que se cita como asesor gubernamental, señala que el modelo era “correcto”, pero que como “todo modelo no es perfecto”. Me parece que para evaluar si ha habido saturación o colapso harán falta en el futuro datos y opiniones de médicos, enfermeras, celadores, personal sanitario y familiares. Y revisar, también, el concepto de colapso. Porque a ver si al final –y sé que a esto no se refiere el articulista, pero alguien podría llegar a deducirlo - a ver si al final todo ha ido como una seda y no hace falta aprender de lo sucedido y fortalecer el sistema sanitario.
Como decía al principio, la pieza desprende, asimismo, un tufo de ataque injustificado y despiadado hacia Oriol Mitjà, no sé si por envidia de colegas suyos. Y digo esto por un par de afirmaciones de los expertos que critican la postura del manifiesto. Clara Menéndez, investigadora en malaria del Institut de Salut Global de Barcelona, denuncia falta de rigor y precipitación e insinúa falta de veteranía. O, al final, el referente internacional en modelización que oculta su nombre, hace algo parecido al afirmar que “antes de hacer predicciones y sugerir medidas hay que hablar mucho con políticos y epidemiólogos auténticos”.
No sé si Oriol Mitjà es un epidemiólogo "auténtico" –es especialista en medicina interna y experto en enfermedades infeccionas-, pero El Periódico lo presenta como tal en la foto que encabeza la noticia.
¿Tanto se ha equivocado Oriol Mitjà?
El sistema sanitario ha pasado y pasa por serias dificultades. Y si no ha habido colapso, en el sentido de que hayan faltado UCIs, es porque como bien señala el texto se han ampliado “a toda velocidad” desde que se publicó el manifiesto, el día 21 de marzo. O sea, que el estudio no contaba con que quirófanos, salas de parto y otras habitaciones se convertirían en UCI en muchas clínicas y hospitales. Y, ojo, supongo que por colapso se entiende que no hayan faltado unidades para críticos para personas menores de 80 años, porque para los mayores de 80 con complicaciones sí que han faltado. Y me podrían replicar que antes de la epidemia, personas mayores con complicaciones ya no entraban en las unidades de críticos. Sin embargo, por lo que he hablado con dos enfermeras, una de urgencias y otra de UCIs, esto no es así con exactitud. Cierto que existía el protocolo, pero siempre se miraba si se podía hacer algo, aunque luego no sirviera.
Pero es que el sistema sanitario ha padecido –y padece- mucho más allá que por la carestía de UCIs. También por falta de camas para enfermos menos graves. Recordemos que se han habilitado hoteles y montado hospitales de campaña en muchas provincias catalanas y españolas. Recordemos que toda visita médica no esencial o urgente se ha pospuesto. Recordemos que hubo falta de previsión en medidas de protección para el personal sanitario y que faltan test de diagnóstico. Recordemos que el personal sanitario ha sufrido muchas bajas por contagio o contacto. Recordemos que se ha llamado “a filas” a médicos jubilados, médicos de otras especialidades y a estudiantes. Recordemos que el personal sanitario ha doblado turnos en algunos casos. Recordemos que algunos hospitales y clínicas –no sé si todos- desde hace unos días ya no reciben a enfermos de residencias de ancianos. Recordemos que el 061 durante días no podía atender a todas las llamadas en un tiempo prudencial. Recordemos que hay médicos que han alertado que no saben si podría atenderse ahora mismo una emergencia de otro tipo, como accidentes graves u otras catástrofes. Y recordemos, finalmente, que la epidemia no ha acabado.
Que, del manifiesto a la carta de The Lancet, los firmantes hayan difuminado la fecha en que faltarían unidades de cuidados intensivos no significa, a mi juicio, que el sistema sanitario no haya hecho aguas. Además, Miguel Hernán, catedrático de epidemiología de la Universidad de Harvard, al que se cita como asesor gubernamental, señala que el modelo era “correcto”, pero que como “todo modelo no es perfecto”. Me parece que para evaluar si ha habido saturación o colapso harán falta en el futuro datos y opiniones de médicos, enfermeras, celadores, personal sanitario y familiares. Y revisar, también, el concepto de colapso. Porque a ver si al final –y sé que a esto no se refiere el articulista, pero alguien podría llegar a deducirlo - a ver si al final todo ha ido como una seda y no hace falta aprender de lo sucedido y fortalecer el sistema sanitario.
Como decía al principio, la pieza desprende, asimismo, un tufo de ataque injustificado y despiadado hacia Oriol Mitjà, no sé si por envidia de colegas suyos. Y digo esto por un par de afirmaciones de los expertos que critican la postura del manifiesto. Clara Menéndez, investigadora en malaria del Institut de Salut Global de Barcelona, denuncia falta de rigor y precipitación e insinúa falta de veteranía. O, al final, el referente internacional en modelización que oculta su nombre, hace algo parecido al afirmar que “antes de hacer predicciones y sugerir medidas hay que hablar mucho con políticos y epidemiólogos auténticos”.
No sé si Oriol Mitjà es un epidemiólogo "auténtico" –es especialista en medicina interna y experto en enfermedades infeccionas-, pero El Periódico lo presenta como tal en la foto que encabeza la noticia.
¿Tanto se ha equivocado Oriol Mitjà?
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