domingo, 5 de abril de 2020

¿Quién aplaude?

Vigésimo tercer día de confinamiento.

Casi todas las tardes mi mujer, mis hijos y el aquí presente nos asomamos a la ventana para aplaudir. A veces, no salgo, a veces son mi hija o mi mujer quienes no aplauden, pero siempre mi enano de 21 meses deja de jugar y se dirige escopeteado a la ventana para otear el edificio de enfrente y, de tanto en cuanto -sobre todo, cuando le avisamos de que es hora de cerrar-, para aplaudir como si le fuera la vida en ello. Nunca se lo pierde. Apenas dice cinco palabras (“mama”, “tata”, “yastá”, “sí”, “no” y, muy pocas veces, “papa”), pero entiende a la perfección que la ovación dura poco y que hay que ingeniárselas para alargar ese interludio el mayor tiempo posible. Por supuesto, él no aplaude a sanitarios. D, quiere respirar, formar parte de la algarabía, desfogarse tras todo un día encerrado entre cuatro paredes de apenas cuarenta y cinco metros cuadrados.

Mi mujer observó hace unos días que pocos hombres salían a la ventana a aplaudir, que casi todo eran mujeres. Y es cierto. Esta tarde lo he comprobado. De 14 personas que he contado, cuatro éramos hombres (el 28,5 por ciento), el resto mujeres y algún niño (el 71,4 por ciento). No es que desee denunciar nada, menuda tontería, simplemente es una constatación, una curiosidad. En sus vecindarios, ¿ocurre algo similar?

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