martes, 28 de abril de 2020

Ikea en el supermercado

Esta es la novedad que puedo aportar a la humanidad en el día de hoy. La noticia de la jornada en mi mundo inmediato. En el Bon Preu han trasladado –y plagiado- el modelo de negocio de Ikea. El súper ha dispuesto un circuito que obliga a discurrir a los clientes por toda la superficie, desde la entrada hasta la salida por caja, un recorrido indicado con flechas rojas pegadas al suelo y flanqueado por estanterías y cintas granas en los giros y recovecos.

Pero, seamos honestos, ya suponéis que el señor Bon Preu no ha levantado el laberinto a modo de estrategia de marketing, sino como medida para evitar contagios por el coronavirus. Y seamos sinceros otra vez, el paseo no dura ni una décima parte de las excursiones que nos propone el almacén sueco.

Le he preguntado a la cajera si habían montado el tinglado porque temieran avalancha de  niños.

-No, lo han puesto hoy, y niños han venido muy pocos. Es que, habiendo estado en casa tanto tiempo, yo les llevaría al aire libre y no aquí, otra vez a encerrarse.

Me apunto siempre la lista de la compra en una nota del móvil, pero una vez en la tienda no la consulto hasta que ya no recuerdo qué más necesitaba. Eso sí, antes, ya sea en casa o en la cola, la repaso para intentar no sacar la chuleta a cada momento e ir más por faena. Durante estos días de confinamiento, la lista crece de manera descontrolada al comprar con menos frecuencia. Esta mañana, al final del camino, en el último pasillo, ya casi en la caja, me ha faltado miel, pasta de dientes, pan integral y no sé qué más, pero cuatro productos. A contracorriente, atravesando pasillos a hurtadillas, colándome por debajo de las cintas y pensando: ‘¿qué te juegas a que te llaman la atención?’

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