jueves, 30 de abril de 2020

Enfado y cautela

Estoy enfadado conmigo mismo. Este miércoles apuntaba a que parecía que la curva mejoraba en Cataluña, aunque fuera poco a poco. Pero los últimos datos sugieren todo lo contrario. Los contagios se han disparado hasta los 2.652, una burrada. Ya he escuchado o leído dos motivos probables para explicar por qué ha habido tantos contagios en 24 horas. Uno, por motivos cíclicos, que cada equis tiempo se generan puntas (sin más explicación). Dos, que quizás se hayan hecho más tests. Son dos hipótesis a las que habría que aportar pruebas. Una tercera, ¿nadie recuerda que hace 19 días se levantó el confinamiento total y que hace cuatro que pueden salir los niños a la calle? ¿Puede haber tenido algo que ver?

Quizás no haga falta buscar explicaciones, porque podría tratarse de un pico aislado. Falta ver en los próximos días cómo evoluciona la tendencia. De todas maneras, estos vaivenes me recuerdan que debo ser cauteloso a la hora de valorar tanto los incrementos como los decrementos en las curvas. Hay que señalar, también, que los contagiados en España ascienden en el mismo día a 1.309, alguna cosa no cuadra. O son mucho más altos los infectados en España, o mucho más bajos en Cataluña.

***

Esta mañana he bajado a comprar fruta, carne y un par de cosas más. Por el camino, me he cruzado con bastantes personas, la gran mayoría con mascarilla. Un joven sentado en una moto hablaba por el móvil y le comentaba a su interlocutor:

-Cuando me mandaron a casa, me lo tomé como unas vacaciones. Estuve jugando a la play a saco, pero luego me aburrí como una ostra. Me alegré cuando empecé a trabajar, para arriba y para abajo con la moto.

En la farmacia, pregunto si venden alcohol, porque en el Bon Preu nunca hay. Negativo también:

-¿Hay escasez de alcohol? –le digo asombrado.
-Sí, se emplea para fabricar geles de hidroalcohol. A nosotros nos traen dos frascos cada día, quizá el lunes algunos más.

En la panadería, una dependienta habla con la otra:
-Sabes, ayer vi a Pedro [nombre ficticio].
-Ostras, ¿y cómo está?
-Pues bien, muy delgado, pero me decía: “No he perdido el apetito, he tenido hambre todo el tiempo”.
-¿Quién es: alguien que ha tenido el coronavirus? –me meto yo.
-Sí, un vecino de aquí, que ha estado muy enfermo, dos semanas en la UCI y otras dos en el hospital –me explica la panadera.
-¿Era mayor? –le pregunto.
-No, pero le trasplantaron un riñón y por allí le atacó. Aquí en el barrio [Horta, Barcelona] hay muchas personas afectadas.

*** 

El Ayuntamiento de Barcelona ha publicado la afectación del coronavirus en los 73 barrios de Barcelona. Y la televisión pública de Barcelona (BTV) ha analizado algunos datos. Si nos fijamos, la incidencia del covid-19 es mayor en los barrios modestos que en los pudientes. Entre las barriadas más castigadas, Montbau, Vall D’Hebrón, Vallvona, la Font de la Guatlla y Horta. Y entre las menos, Pedralbes y las Tres Torres. No sé si se trata de una relación causa-efecto o de una correlación. Pero estamos hartos de comprobar las diferencias que existen en el nivel de vida y de bienestar entre los países desarrollados y los del Tercer Mundo.

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Ya me he enterado por qué había tanto bombero este miércoles en mi calle. Un vecino se dejó una olla al fuego y se fue a comprar. Ardió un poco de un armario de la cocina, pero no hubo heridos.

Cuadragésimo séptimo día de confinamiento.

miércoles, 29 de abril de 2020

Algo ha pasado en mi calle

Traigo este miércoles otra noticia bomba. En mi calle ha ocurrido algo esta mañana. Cuatro vehículos de bomberos, dos ambulancias y varias patrullas de la Guardia Urbana han estado en medio de la calzada durante una hora, más o menos, un poco más abajo de donde vivo. Pero no sé qué ha pasado. Momentos antes de que llegaran los servicios de emergencia había abierto la ventana de una habitación y olía a leña quemada, pero supongo que el suceso no ha tenido nada que ver. He hablado por whatsapp con algunos amigos que viven más abajo, pero tampoco me han sabido dar detalles. Me imagino que con los días me enteraré, pero por ahora solo sé que el despliegue ha sido considerable y que ninguna ambulancia se ha marchado con las luces de emergencia encendidas.

***

Supongo que si el Gobierno de España sigue adelante con el desconfinamiento es que los especialistas consideran que la curva evoluciona bien. Pero veo que no esperan a ver cómo influye la salida de los niños y pronto, este sábado, le tocará al deporte. Parece que la tendencia de contagios en Cataluña va a la baja, aunque muy poco a poco.

Cuadragésimo sexto día de confinamiento.

martes, 28 de abril de 2020

Ikea en el supermercado

Esta es la novedad que puedo aportar a la humanidad en el día de hoy. La noticia de la jornada en mi mundo inmediato. En el Bon Preu han trasladado –y plagiado- el modelo de negocio de Ikea. El súper ha dispuesto un circuito que obliga a discurrir a los clientes por toda la superficie, desde la entrada hasta la salida por caja, un recorrido indicado con flechas rojas pegadas al suelo y flanqueado por estanterías y cintas granas en los giros y recovecos.

Pero, seamos honestos, ya suponéis que el señor Bon Preu no ha levantado el laberinto a modo de estrategia de marketing, sino como medida para evitar contagios por el coronavirus. Y seamos sinceros otra vez, el paseo no dura ni una décima parte de las excursiones que nos propone el almacén sueco.

Le he preguntado a la cajera si habían montado el tinglado porque temieran avalancha de  niños.

-No, lo han puesto hoy, y niños han venido muy pocos. Es que, habiendo estado en casa tanto tiempo, yo les llevaría al aire libre y no aquí, otra vez a encerrarse.

Me apunto siempre la lista de la compra en una nota del móvil, pero una vez en la tienda no la consulto hasta que ya no recuerdo qué más necesitaba. Eso sí, antes, ya sea en casa o en la cola, la repaso para intentar no sacar la chuleta a cada momento e ir más por faena. Durante estos días de confinamiento, la lista crece de manera descontrolada al comprar con menos frecuencia. Esta mañana, al final del camino, en el último pasillo, ya casi en la caja, me ha faltado miel, pasta de dientes, pan integral y no sé qué más, pero cuatro productos. A contracorriente, atravesando pasillos a hurtadillas, colándome por debajo de las cintas y pensando: ‘¿qué te juegas a que te llaman la atención?’

lunes, 27 de abril de 2020

La ventana rota

Esta mañana hemos tenido un pequeño accidente doméstico sin mayores consecuencias. Hemos roto el cristal de una ventana. Los vidrios han caído al patio de la comunidad, pero nadie pasaba en ese momento. Ya habría sido mala suerte que con el confinamiento alguien paseara a primera hora. No quiero ni pensarlo.

Me daba reparo llamar al seguro para que vinieran a arreglarlo. Porque pensaba para mí: ‘Tan urgente no es, pueden venir de aquí a un par de semanas, o cuando puedan, les llamaré más adelante’. Pero tenemos una ventana sin vidrio -cubierta con bolsas de basura- y dos críos, uno de ellos a punto de cumplir dos años que abre puertas, cajones y armarios a destajo y que trepa como un mono.

Al final, hemos llamado para ver qué nos decían. Es una aseguradora grande. Y nos han respondido que solo tienen un cristalero, pero que ahora está de vacaciones. Le repreguntamos si es por el coronavirus, y nos dicen que no, que justo está de vacaciones. Me ha extrañado. O le han obligado a tomarse vacaciones o, simplemente, no quieren decir que están parados y que han presentado algún ERTE. Podrían haberme dicho que en todo que pudieran vendrían, no sé. Hay que admitir la posibilidad de equivocarme y que de la casualidad que el cristalero esté de vacaciones.

Mientras tanto, buscaré unos cartones este martes cuando salga a comprar.

Cuadragésimo cuarto día de confinamiento.

domingo, 26 de abril de 2020

Churumbeles

Los churumbeles han pisado la calle este domingo por primera vez desde el inicio del confinamiento. Como buen agente de la Gestapo, esta mañana me he asomado tres veces por la ventana para inspeccionar de primera mano si notaba cambios en mi calle. Y sí, los he advertido, pero ya antes de asomarme a chafardear. Hasta ayer en mi vecindario reinaba el silencio –no lo calificaré de sepulcral- pero, esta mañana, sin embargo, he oído barullo y algún que otro adulto vociferando. No he visto grandes bandadas de niños, pero sí un par de familias que paseaban juntas haciendo caso omiso a la ley. ¿Y qué! No acabo de entender que no puedan salir juntas las familias. En todo caso, cero aglomeraciones. Y por la tarde ha vuelto la normalidad más absoluta de los últimos 40 días.

Claro que es mi experiencia directa, sin extensiones virtuales. Hay personas que han denunciado por la redes excesiva afluencia de gente paseando por la calles o de niños jugando en parques y plazas en Valencia, Barcelona y otras localidades. Cada cual juzga la situación en las inmediaciones de su casa. Sin negar que hubiera demasiada gente, creo que en alguna de las imágenes captadas en Barcelona –de las que he visto, al menos- el gentío se exagera porque la foto se dispara con teleobjetivo, cosa que apiña a las personas. Es más que probable que esa misma instantánea habría dado otra impresión si se hubiera tomado desde otro ángulo y sin teleobjetivo.

De todas maneras, ¿qué esperábamos? Siempre habrá personas que pasen de todo, y más el primer día tras permanecer semanas enclaustradas. Sirva de aviso para el próximo sábado, cuando está previsto que todo quisqui pueda salir a hacer ver que es deportista. Y recordemos que este lunes los niños podrán acompañar a los padres a comprar. No estaría de más establecer aquello de las franjas horarias propuesto por el gobierno separatista catalán.

Nosotros no hemos salido con la prole porque creemos que el Gobierno se ha precipitado. Este lunes se cumplirán 14 días del levantamiento del confinamiento total y los contagios podrían aumentar. ¿Que no crecen? Fantástico, mejor que mejor, pero –como se suele decir- prefiero pecar por exceso de prudencia que por defecto. No iba de una semana o cuatro o cinco días para ver qué ocurre con la dichosa curva.

Cuadragésimo tercer día de confinamiento.

sábado, 25 de abril de 2020

Exoplanetas

Un exoplaneta es un cuerpo planetario que orbita una estrella diferente al Sol. Cuando era pequeño solo se conocían los planetas del Sistema Solar, pero en 1995 se halló el primer candidato firme a planeta extrasolar. ¿Pero cuántos planetas se han confirmado hasta la fecha? Según la Enciclopedia de planetas extrasolares, 4.255, que pertenecen a 3.146 sistemas planetarios, ya que, como en el caso de nuestro Sistema Solar, también existen otros sistemas con más de un planeta orbitando una misma estrella.

Con el telescopio espacial Kepler (2009-2018), el descubrimiento de exoplanetas aumentó de manera exponencial, y se pasó de 337 a unos 3.000 después de la misión. El observatorio espacial confirmó más de 2.600 astros. Y de hecho, a día de hoy, los datos que recopiló durante su misión revelan nuevos y posibles candidatos.

El telescopio James Webb podrá detectar planetas del tamaño de la Tierra y observar directamente sus atmósferas, cuando entre en funcionamiento en 2021. Aunque ya veremos, porque el coronavirus todo lo trastoca.

viernes, 24 de abril de 2020

Cajera molesta

Hacía una semana que no iba al Bon Preu. Demasiado tiempo. Demasiada carga. Saldré de nuevo el martes, cada tres días. Le pregunto a la cajera, protegida tras una mampara de plástico:

-¿Vendrán niños o no a partir del lunes?
-Pues no sé, porque como unos dicen una cosa y otros otra. Pero si fuera por mí, nada de nada. Aquí hay mucha gente, está todo cerrado y es un foco de microbios por mucho que desinfectemos, siempre entra y sale gente. Incluso algún cliente se me pone a toser aquí delante.

No sé si irán los niños, pero podrán hacerlo.

En mi casa, mi hija no quiere salir si no es obligatorio. Le digo que este domingo aún no, pero que de aquí a unos días si todo marcha bien, sí que saldrá. Ella sigue erre que erre que no, que si nadie la obliga, no. Mi mujer tercia:

-Pero no te creas que tiene miedo.
-¿Ah no? ¿Y entonces por qué?

Pues adivinad... ¿No? Porque le dijimos que cada vez que saliera se tendría que duchar. Y prefiere quedarse en casa a tener que ducharse.

Al final, ni el Gobierno de España ni el Govern de la Generalitat esperarán unos días más para comprobar cómo influye en la curva de la epidemia el levantamiento del confinamiento total de hace 14 días. Deseo que la semana que viene no aumenten los contagios, pero si lo hacen espero que los gobiernos hagan marcha atrás y recuperen medidas.

A dejar salir a los niños lo llaman respiro, pero no es más que otra fase de desconfinamiento.

Cuadragésimo primer día de confinamiento.

jueves, 23 de abril de 2020

La vorágine de Sant Jordi

A riesgo de que me tilden de aguafiestas y amargado, escribo estas palabras sobre el día del libro. Sant Jordi en Cataluña es una fiesta consumista más, como las Navidades, las Rebajas –sí, son una fiesta- o el Black Friday. Pero como la venta del libro se viste de producto cultural enmarcado en una fiesta tradicional el negocio se maquilla. Parece diferente, elegante, civilizado, culto, exento del pecado capitalista, etc. Sin embargo, el libro es un producto de consumo que se rige por leyes de mercadotecnia. Vean, si no, el diseño de portadas, las imágenes, los colores, los títulos, las reseñas favorables y exageradas, la disposición en estanterías y, finalmente, cómo -cuando trasteamos por entre los libros- deseamos hacer acopio de legiones ingentes de novelas, ensayos u otros fármacos. No digo nada nuevo.

Cuando piso una librería adquiero más de un ejemplar, pero a poco que arramble con cuatro o cinco la cuenta roza los cien euros. Mi sueldo actual no me lo permite. Hace un tiempo me impuse el límite infranqueable de cincuenta euros mensuales, pero pocas veces lo respeté, por el vicio, porque comprar libros y leer también es un vicio, en el sentido más peyorativo del vocablo. Total, que hay meses que no compro, muerto el perro se acabó la rabia. Los libros cuestan un ojo de la cara si compras con frecuencia. No, claro está, si regalas un par para Sant Jordi. Puedes encontrar de bolsillo por poco más de diez euros, pero la gran mayoría valen alrededor de veinte o más, incluso mucho más.

Cerca de mi trabajo, una asociación vende libros de todo género. Es un grupo de amigos de la letra impresa que recoge donaciones ciudadanas y las vende al precio que estime el cliente, o sea, según la voluntad. Así, a veces, sacio el síndrome de abstinencia. Asimismo hay paradas similares desde hace unos años en el metro, que también ayudan.

Vuelvo a Sant Jordi, a criticarlo y a honrarlo. Al margen de que nos plazca recorrer el centro de las ciudades y pueblos en busca de una rosa y un libro, o del disfrute del ambiente, en Barcelona tenemos que reconocer tal muchedumbre paseando por aceras, que hindúes o chinos de megalópolis de Oriente pensarían que el catalán se ha ido por completo, que ha caído en las fauces de la locura. Y luego están los reclamos. Algunos supermercados del libro anuncian descuentos del 5 por ciento para toda la semana, cuando esa misma rebaja la aplican durante todo el año si el cliente presenta el carnet de biblioteca. Pero si la oferta fuera mayor no creo que entrase en tiendas, porque a la mayoría no se puede acceder y, si se pudiera, no sé si se podría salir. La marabunta empeora en los interiores. Algunas superficies comerciales del libro acogen más consumidores que borrachos y drogados rebuznábamos en discotecas de los años noventa a altas horas de la madrugada; me pregunto si, como en las discos de entonces, tales supermercados disponen de límite de aforo, porque un día habrá una desgracia: “¡Eo, tal fulano firma en tal mesa!”, y avalancha asegurada.

Hace unos años nunca deambulaba por Barcelona ese día y, ni mucho menos, compraba. Pero en las últimas tres ediciones la ciudad condal se ha deleitado con mi presencia. A un amigo le encanta remover libros en los puestos levantados en Paseo de Gracia y las Ramblas. Tanto le gusta, que se pide libre en el trabajo para la diada. Un par de veces he quedado con él en dicha festividad después de salir de trabajar. Así descubrí que en Sant Jordi hay espacio para las oportunidades. Al final de la jornada y de las Ramblas, venden libros de segunda mano a un precio más que asequible.

Feliz Sant Jordi. ¿Seguro que nos vemos el 23 de julio?

***

Este miércoles por la mañana un vehículo del Ayuntamiento de Barcelona circulaba por mi calle con los altavoces a todo volumen instando a los vecinos a que nos quedáramos en casa confinados a consecuencia del coronavirus. Sin llegar a estremecer, el mensaje que oía desde mi casa me recordaba a escenas propias de regímenes autoritarios, del tipo ‘Gran hermano’, de 1984.

Cuadragésimo primer día de confinamiento.

miércoles, 22 de abril de 2020

Celia, 9 años: “No puedo ver a mis amigos, ir al parque, jugar con ellos”

En España y en el mundo hay millones de niños confinados en sus casas desde hace semanas. En el caso de Cataluña y otras comunidades autónomas españolas los menores cumplen 40 días de confinamiento este miércoles. ¿Cómo lo viven? ¿Qué es lo que más odian de estar encerrados? ¿Cómo ven hacer clases en casa? ¿Tienen ganas de volver al cole? ¿Qué harán lo primero una vez esté todo normalizado? ¿Qué sienten? ¿Cómo les influimos los adultos: padres, medios de comunicación…? Para responder a estas preguntas y otras he hablado con… mi hija Celia, que ha cumplido 9 años durante el confinamiento. Cursa tercero de primaria en un colegio público de Barcelona y añora a los amigos y jugar en el parque, pero entiende que aún le faltan muchos días para poder jugar con ellos.

-Primero de todo, ¿cómo lo estás pasando en casa tantos días encerrada?
Un poco aburrida, pero también me divierto jugando con mi hermano Dani.

-¿Qué es lo que más te gusta?
Ver la tele (se ríe). Y jugar los cuatro, pero es imposible porque Dani no nos deja, aunque alguna vez hemos jugado. El día de mi cumpleaños, por ejemplo, me encantó.

-Pero no lo pudiste celebrar.
Bueno, lo celebré con vosotros. Antes de todo esto [del confinamiento] me habíais comprado una mochila.

-¿Y qué es lo que te gusta menos de estar confinada? 
Que no puedo ver a mis amigos, jugar con ellos e ir al parque. Los puedo ver en videollamadas, pero no les puedo tocar, darles un abrazo... Si estuvieran aquí les abrazaría. "Hola, ¿qué tal? ¿vamos al parque a jugar?", les diría. Con mi amiga Sheila, había quedado para el día siguiente hacer una cosa en el parque, y resulta que ya no lo pudimos hacer. Y no tengo su número para hacer videollamadas y somos muy amigas.

-¿Te gusta que se haga una especie de cole en casa? 
Sí, porque si estuviera en el cole me mandarían hacer exámenes, y en cambio, ahora me los salto y no los hago.

-¿Tienes ganas de volver al cole? 
No [se ríe].

-¿Y de salir a la calle? 
Sí.

-¿Y al parque? 
Sí.

-¿Qué es lo que más echas de menos?
Mis amigos.

-¿Qué les dirías?
Que cómo estáis, si os estáis aburriendo en casa y si me echáis de menos.

-Si pudieras, ¿a quién te gustaría ver ahora? 
Son varios: a Cayetana, a Aina, a Sheila, a Sofía, a Andrea G, a Uma, a Martí, a María, a Marc, a Sol y a Luna…

-¿Y a algún familiar?
Bueno, al Lucas.

-¿Y a los yayos y al tiet? 
No, solo echo de menos sus teles.

-¿A dónde te gustaría ir cuando acabe el confinamiento? 
Muy fácil, ir al Tibidabo, celebrar mi cumpleaños, ir al parque y jugar con mis amigos, pero al cole no.

-¿Qué harás lo primero cuando vuelvas al cole? 
Hablar con los amigos para ver cómo lo hemos pasado. O hablar del cole.

-¿Tienes miedo del coronavirus?
No, porque a los niños no les afecta, o sea, les afecta, pero no tienen que ir al hospital ni van a morir.

-A la mayoría de niños, pero puede haber casos que sí. ¿Lo sabes? 
Sí, la Noa, una bebé que salió por la tele, que tuvo esto [el pecho] malo del aire. Estuvo varios días en el hospital.

-¿Qué sientes al estar encerrada tanto tiempo? 
Varias cosas. Enfado, tristeza, alegría, un poco de nervios…

-¿Cuándo crees que podrás salir? 
No lo sé, en junio o en septiembre.

-¿Tanto tiempo? 
Bueno, a lo mejor este mes. A lo mejor a la calle, pero al parque no.

-Cuando seas una abuelita, ¿qué es lo primero que recordarás de estos días si te preguntan? 
Que hubo el coronavirus, que nos saltamos un examen, que nos tuvimos que quedar en casa, que era un rollo, que estuve mucho tiempo sin ver a los amigos...

-¿Sabes qué es el coronavirus? 
No sé. Un micro...

-..bio. 
Sí, un microbio que afecta a los pulmones y al corazón.

-¿Qué has aprendido en estos días que estamos confinados por el coronavirus? 
Que antes estaba en el cole, con alegría, y no sabía que los médicos curaban el cáncer o las enfermedades peligrosas.

-¿Antes no lo sabías? 
Sí, pero que ahora trabajan más y que se están jugando la vida.

-¿Y has aprendido algo sobre ti? 
No sé... ¿Te quieres a ti misma? Sí, [se pregunta a sí misma y se ríe].

-¿Cuándo crees que deberían salir los niños a la calle? 
Mucho más tiempo no. Me gustaría salir de aquí a una semana o dos para dar una vuelta por la calle. Pero no para entrar a los supermercados, porque imagínate que tenga el coronavirus, si se lo paso a otro, ¿qué, eh?

-¿Crees que podrás ir este verano a la playa, a la piscina o al pueblo? 
A lo mejor.

-¿Qué le dirías a todo el mundo? 
"Ens en sortirem" [se ríe] No, que saldremos, que tranquilos, que no os pongáis nerviosos. Que el coronavirus son unas minigotas superpequeñas que no podemos vencer, hay que quedarse en casa. Somos miedicas.

-¿Qué se tendría que hacer en el futuro para evitar lo que ha pasado con el coronavirus? 
Cuando nos enteramos del segundo caso en China, en donde empezó todo, tendríamos que haber cerrado las cosas no esenciales.

Cuadragésimo día de confinamiento.

martes, 21 de abril de 2020

Mis hijos se quedan en casa

Soslayo el debate de si los niños deberían de salir a dar un paseo, como apuntó este lunes el Govern de Cataluña, o acompañar a los padres a comprar, como ha dicho este martes el Gobierno de España. Pero espero que si el Gobierno no muestra dos dedos de frente, demuestre sensatez el pueblo y nadie lleve a sus criaturas a lugares cerrados, excepto por necesidad imperiosa. Porque puestos así, ¿por qué no abrimos ya los coles? ¿No será que al Gobierno de España le puede el orgullo y no quiere hacer caso de medidas que se han propuesto antes desde el Govern de Cataluña? Aún quedan días para rectificar.

Y aún quedan días para cambiar, también, la fecha, que es a lo que voy. Si el próximo lunes se permite a los menores salir, sea a pasear, sea a comprar, de igual forma, en mi casa aún les prohibiremos hacerlo. Entre otras cosas, porque siguen habiendo muchas defunciones en Cataluña y porque justo el próximo lunes se cumplen los 14 días desde que se levantó el confinamiento total. O sea que a partir de entonces es cuando debería observarse si la curva crece o decrece, y si el ritmo de muertes y contagios se acelera, se desacelera o permanece igual.

Recordemos, además, que dos tercios de catalanes creemos que es demasiado pronto para que los menores pisen la calle. No se debería correr. Si el Gobierno de España continúa adelante con la fecha, espero que en Cataluña se aplace, ya que el nuevo estado de alarma permite la desescalada por territorios. ¡Qué más da esperar otra semana para comprobar cómo evoluciona la pandemia tras la primera fase de desescalamiento de hace ocho días!


Trigésimo noveno día de confinamiento.

lunes, 20 de abril de 2020

En busca del coche perdido

Desde hace más de cuarenta días tenemos el coche aparcado en la calle, sin saber dónde con exactitud, porque ya no nos acordamos. Cada diez días deberían arrancarse los vehículos, según he visto por la red y me han avisado suegros y algún amigo. Así que esta tarde pensaba hacerlo aprovechando que tenía que abonar una cuenta en la frutería, porque este viernes no les funcionaba el datáfono, y aprovechando también que nos habían arreglado una radio estropeada que dejé a reparar la semana pasada en una tienda de móviles. He encontrado el coche, pero no lo he arrancado porque… ¡se me han olvidado las llaves! Por lo menos, he localizado el auto; sigue a salvo aunque no sé si sano.

En la frutería, un cliente ha vuelto a la tienda al cabo de poco de haber comprado y le dice a N., el frutero:

-Ten, una crema, va muy bien para la piel. Díselo a tu mujer –y se marcha, pero N. le grita.
-¡Oye!, ¿Cuánto te debo?
-No, nada, os la regalo, encima que hacéis un esfuerzo estando aquí todos los días.

***

Si todo va bien, los niños empezarán a salir a la calle bajo determinadas condiciones y según horarios fijados por edad el próximo lunes 27 de abril. Pero me parece que la tele lo difunde demasiado a la ligera sin remarcar que será así si todo va bien. Hay que recordar que hace una semana volvieron al trabajo algunos trabajadores de puestos no esenciales y tendrá que comprobarse que la curva de contagios sigue declinando al mismo ritmo. Si no fuera así, el Gobierno de España debería dar marcha atrás en las medidas. Y sea como sea, baje o suba la curva, me parece que no todas las familias saldrán con los críos; no se fiarán, no me fío.

Trigésimo octavo día de confinamiento.

domingo, 19 de abril de 2020

Los privilegiados

La Revolución Francesa debería haber acabado con los privilegios de la aristocracia. Pero, en cambio, al carro de la aristocracia se añadió la alta burguesía. Y todo sigue igual o muy parecido. Durante la crisis sanitaria del coronavirus nos hemos cansado de escuchar que si manifestabas síntomas leves o habías mantenido contacto con un positivo te aislaras en casa. Sin embargo, es larga la lista de políticos diagnosticados asintomáticos o sin que hayan presentado sintomatología grave. Y entre los capitostes, los más éticos y comprometidos por el bien común, los Reyes de España. Hay clases y clases.

Es fácil hallar nombres de dirigentes que se han infectado, lo publican ellos mismos en las redes sociales o en los medios de comunicación. Si la lista de privilegiados conocida es larga, no quiero ni imaginar la ignota, entre políticos, famosos y adinerados. He contado una trentena entre los conocidos. Algunos son la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, la ministra de Igualdad, Irene Montero, la ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina Darias, la vicepresidenta segunda del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel García Ayuso, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, los dirigentes y diputados de VOX, Santiago Abascal y Ortega Smith, la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el presidente de Ciudadanos en el Parlament de Catalunya, Carlos Carrizosa, el exsecretario general de la OTAN, Javier Solana, el concejal del PP en Badalona, Xavier García Albiol, la exsecretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, el defensor del pueblo catalán, Rafael Ribó, y el exalcalde de Barcelona Xavier Trias.

Alguno de ellos incluso explica con total naturalidad que está bien, que no manifiesta síntomas. Mejor me lo ponen, ¿sin síntomas y se han hecho el test? ¿Por qué? Aclaren los criterios por los que se les ha hecho la prueba diagnóstica. No es tan sencillo saber si el político se ha hecho el test en un laboratorio privado o en uno público, pero da igual, porque si el sistema sanitario privado está en manos del Gobierno, el Ejecutivo debería haber designado a quien hacer los tests en base a los criterios médicos que ellos mismos pregonan.

Trigésimo séptimo día de confinamiento.

sábado, 18 de abril de 2020

Taxis, aviones y alcohol

Tres retazos de conversaciones, ninguna primicia ni thriller de por medio, quedáis avisados.

En mi calle han tapado con bolsas de basura las señales de tráfico de ambas aceras que prohíben aparcar vehículos durante tres meses, de manera alternativa, en uno de los lados. Me encuentro haciendo cola en una droguería con el padre de un compañero de cole de mi hija que es taxista.

-¿Sales a trabajar?
-No, solo podemos salir un día a la semana. Pero un par de veces que cogí el taxi no había faena, no había nadie por la calle.

Un hombre con cervezas de lata en una bolsa espera en la cola de la frutería. Pasa un colega y le saluda. No entiendo bien qué le dice, pero el primero les responde:

-¡Bah!, ahora me controlo, pero, al principio, primero tomaba el vermut, después, a la hora de comer, vinito o cerveza y, de postre, un par de chupitos.
-¿Y por la tarde?
-Después de la siesta me levantaba doblao; como mucho, una o dos cervezas a la tarde noche.

Vuelvo para casa con la intención de fijarme dónde aparcamos el coche hace algo ya más de un mes, pero, pensando en las musarañas que ando, me olvido por completo de mi objetivo. En la esquina de mi calle, veo a un amigo vestido con el traje de faena. Le pregunto:

-¿Pero aún trabajas?
-Los aviones siguen despegando, van poco llenos, con 20 o 30 personas. Han hecho un ERTE, pero a mí no me ha tocado.


El Gobierno de España ha desestimado publicar las muertes sospechosas por coronavirus, tal y como lo hace desde hace unos días el Govern de Cataluña. Desde Barcelona, ahora se informa al ejecutivo español de las muertes diagnosticadas de Covid-19, pero también siguen informando al público de las cifras que envían las funerarias. De esta manera el número de fallecidos casi se dobla. En España, debe de ocurrir tres cuarto de lo mismo. Si este sábado hay 7.881 fallecidos en Cataluña –4.123 confirmados en hospitales-, en España, con 20.043, la cifra debe de superar los 30.000 con facilidad, incluso los 35.000.

Trigésimo sexto día de confinamiento.

viernes, 17 de abril de 2020

1.714.000 mascarillas

El lunes pasado el Gobierno de España repartió algo más de 10 millones de mascarillas a las comunidades autónomas. Hubo revuelo porque a Cataluña le asignaron 1.714.000 mascarillas, en lo que para algunos nos pareció una clara referencia a la caída de Barcelona, en 1714, a manos de las tropas borbónicas en la guerra de Sucesión. En esta entrada, opinaba que la cantidad no debía haber sido casualidad, pero dudaba sobre si el consejero de Interior de Cataluña, Miquel Buch, tendría que haber entrado o no en el juego de dimes y diretes.

Este jueves un amigo me dijo que alguien había calculado los porcentajes y que justo se obtenía esa cantidad para Cataluña, es decir, 1.714.000 mascarillas. ¡Ya sería casualidad! Pero aunque improbable, es posible. Así que he hecho mis propios cálculos para comprobarlo.

Primero, he bajado del Instituto Nacional de Estadística (INE) los últimos datos disponibles (2019) de la población desglosada por comunidades autónomas. Aquí puede haberse dado un sesgo en mis cálculos, porque el Gobierno –o, por lo menos, yo no lo he visto- no aclara con qué cifras de población ha trabajado para hacer el reparto. Ni tampoco si ha computado la distribución en función de la población. Segundo, he calculado el porcentaje de población que representa cada comunidad autónoma respecto del conjunto del Estado español. Tercero, he consultado el número de mascarillas que dieron a cada comunidad. Este dato lo he extraído de una noticia de La Sexta, pero he visto que lo ofrecía la página web de La Moncloa, aunque publicaba una nota por cada paquete de mascarillas que daba a una comunidad autónoma.

Con esta información he montado una hoja de cálculo y he cotejado si la cantidad de las mascarillas repartidas por el Gobierno a las Autonomías coincidían con exactitud con el número de las que tocan según la población. ¿Y? ¿Resultado? Pues que, en base a la población de 2019, a Cataluña le tocarían 1.684.342 mascarillas, unas 30 mil menos que las que recibió en la partida del lunes. Ahora bien, ya digo que quizás el gobierno haya trabajado con otros datos, y me figuro que lo habrá hecho con los padrones provisionales de este año 2020, pero esto no lo he podido saber. Algún periodista lo podría preguntar en las ruedas de prensa, porque han aparcado la Ley de Transparencia justo cuando hace más falta, justo cuando podrían evitarse malos pensamientos como los míos.

Pese a que la cantidad no coincide, estoy bastante convencido de que no se dieron a Cataluña 1.714.000 mascarillas aposta. Si fuera así, en el resto de comunidades la cantidad efectiva de mascarillas repartidas por el Gobierno tendría que coincidir con el número de mascarillas que he calculado. Y esto no ocurre. En todas, la cantidad varía algo, en unas se pasa y en otras no llega, pero siempre por poco, lo que me hace suponer que la diferencia entre mi cálculo y el del Gobierno se deba a que ellos manejan datos más actualizados de la población que los míos.

Mascarillas repartidas por el Gobierno el 12 de abril de 2020, comparándolas en función de la población
En amarillo, las que repartió el Gobierno a Cataluña. En azul, las mascarillas que se tendrían que repartir en función de la población de 2019. El Gobierno debe de haber trabajado con datos de población más actuales.
***
En lo que se refiere a intendencia familiar, en mi casa nos aprovisionamos de mayor cantidad de alimentos cada vez que salimos, como me imagino que muchas personas hacen para quedarse más tiempo en casa. El otro día le decía a mi señora esposa que quizás esta manera de comprar al por mayor nos acompañe ya para los restos. Esta mañana, en el Bon Preu, le he preguntado a M., una de las cajeras con las que tengo mayor confianza, si en general notaban que los clientes comprábamos más. Y me ha contestado que sí, pero que también hay gente que compra solo tres o cuatro productos. ¡Con la cola que hay que hacer!

Estos días, hay fotografías y vídeos de animales salvajes haciendo incursiones en pueblos y ciudades. En Horta, el barrio de Barcelona en el que vivo, desde hace muchos años familias de jabalíes se atreven a cruzar calles por las noches en busca del alimento perdido en las montañas de Collserola. No he detectado animales salvajes a la luz del día por mi calle, pero sí hierbajos más extendidos y crecidos de lo habitual en algunos intersticios de los adoquines de las aceras.

Trigésimo quinto día de confinamiento.

jueves, 16 de abril de 2020

Empresas que evitan el ERTE

Me gustaría saber cuántas empresas continúan pagando a sus trabajadores a pesar de tener el negocio parado. Es decir, cuántas compañías no han optado por un ERTE ni por un despido. Lo más fácil sería conocer algunos ejemplos, pero también hay una manera aproximada de saber a cuántas personas podría estar afectando. Entre otros datos, deberíamos conocer la población ocupada, el número de parados, el de incluidos en ERTE y los trabajadores esenciales o que en todo este tiempo hayan acudido a su puesto. Conocer estos datos no es fácil, en algunos casos no he podido. Hasta aquí he llegado:

Según el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, la crisis por el coronavirus ha destruido 900.000 puestos de trabajo. A estos hay que añadir 4 millones de trabajadores a los que se ha hecho un ERTE. Y 1,4 millones de autónomos que se han quedado en la estacada. En total, hay parados por el coronavirus unos 6,3 millones de personas, a las que habría que añadir las personas que ya estuvieran desempleadas antes de la crisis sanitaria. Aquí damos con la primera dificultad. No sé cuántos serían, pero a finales del año pasado, según la EPA, había casi 3,2 millones. Si fuera así, la cifra podría alcanzar los 9,5 millones de parados (una burrada, pero ya digo que desconozco el número de parados previos al coronavirus).

A finales de 2019, la cifra de ocupados era de 19,9 millones. Si a este dato provisional –porque es de finales del año pasado-, le restamos los 6,3 millones de parados que ha generado el coronavirus, obtenemos que continúan trabajando 13,6 millones de personas. Aún podemos restar a esta cifra los casi 2,6 millones de funcionarios, personal laboral e interinos que hay en España. Nos situaríamos entonces en 11 millones de personas ocupadas, millón arriba o abajo, que incluyen empresarios, asalariados y autónomos.

Pero a los 11 millones todavía se han de restar las personas que trabajan porque pertenecen a un sector esencial o a uno de los que no ha sido afectado por el confinamiento parcial. Aquí aún es más difícil calcular el dato porque el periodo de confinamiento total ha sido de solo dos semanas y, en el parcial, los porcentajes habrán variado si escogemos entre antes o después del confinamiento total. En cualquier caso, el monto de trabajadores que efectivamente ha seguido trabajando durante el confinamiento total y parcial no lo he podido conocer. No encuentro datos fiables. Mínimo tendríamos que descontar el sector de la alimentación, el sector primario, farmacias, tabaco, transportes de mercancías, etc.

Sea como sea, la cifra final de personas ocupadas del sector privado –esos 11 millones que ya de por sí se han de considerar de forma provisional- difiere mucho del número de ocupados que no trabaja debido al parón, pero que continúa cobrando de su actividad laboral. De entre estos empresarios, asalariados y autónomos, ¿qué empresas grandes, medianas y pequeñas han seguido pagando a sus empleados pese haber detenido su actividad económica de manera temporal a causa del coronavirus? ¿O es que hay muy pocas? Supongo que no, que algunos millones de asalariados aún cobran de su empresa -aunque este parada- y no del Estado. Estaría bien que algunos casos se dieran a conocer.

Trigésimo cuarto día de confinamiento.

miércoles, 15 de abril de 2020

Viejas cortinas de humo

Trump, el inmaduro, el irresponsable, el pataletas… ¿qué se le puede pedir a un presidente que esconde su nefasta gestión de la crisis del coronavirus en Estados Unidos retirando los fondos norteamericanos de la OMS, a la que acusa de la manera más burda de expandir el Covid-19 y de falta de transparencia? ¿Pero de qué se queja en concreto? De que la OMS no prohibiera los vuelos procedentes de China como él sí que hizo. Razona que así se hubieran salvado miles de vidas, y lo ejemplifica señalando a Europa y otras regiones devastadas por el coronavirus que no cerraron fronteras, ¡como si su país fuera un oasis gracias a su hábil gestión! Puede haberla fastidiado la OMS, podría haber recomendado el bloqueo de fronteras antes, pero de ahí a congelarle los fondos va un trecho, que lo cubre el presidente Trump ante la urgente necesidad de eclipsar el torpe y tardío gobierno de la epidemia en Estados Unidos. Y de unas elecciones a medio año vista que se centrarán en la crisis sanitaria.

Este tercer trimestre el colegio de mi hija se ha propuesto enviar cada día un par de actividades de alguna materia. No todos los padres ni todos los críos somos iguales ni vivimos bajo las mismas circunstancias. Habemos padres que trabajamos, otros que teletrabajamos, unos que no tenemos paciencia, otros que no sabemos nada de inglés, unos terceros que ignoramos cómo enseñar, etc. Entre los niños, igual o mayor diversidad. Aparte de tener wifi y ordenador, tampoco todas las casas disponemos de impresoras o tabletas. No son faenas obligatorias, pero al enviarlas a diario lo parecen y algunos padres se sienten superados.

Los institutos y colegios podrían abrir en julio para impartir clases de refuerzo a los alumnos que lo necesitaran. Aún no se han revelado los detalles de esta posible apertura. Pero si los maestros y profesores han de dar clase en julio espero que les paguen un extra, y que el experimento no se convierta en un precedente. No sé si a los niños les hará demasiada gracia confinarse de nuevo en verano.

Mi mujer está harta del fútbol, no le gusta, nunca le ha gustado. Pero ahora más que nunca se hace cruces cuando a diestro y siniestro el fútbol sigue apareciendo, incluso copando, la sección de deportes en los telediarios, como ocurre en verano cuando ya no hay liga ni campeonatos. 

martes, 14 de abril de 2020

Mi mascarilla

Un amigo me dice subiendo de comprar que hay más muertos por gripe estacional que por el coronavirus. Le he contestado que no es así. En el período 2018-2019, se estima que hubo unas 6.300 muertes por gripe y, a día de hoy, y sin haberse acabado la epidemia, ya ha habido más de 18.000 por Covid-19. Además, poco a poco, se conocerán cifras de fallecidos que ahora no se cuentan, pero que sí registran las funerarias y el Ministerio de Justicia. Recordemos que hace unos días el alcalde de Igualada denunciaba que las muertes en marzo se habían triplicado respecto del mismo mes de años anteriores, pero que solo una tercera parte se había atribuido al coronavirus.

El gobierno de España ha enviado a Cataluña 1.714.000 mascarillas. Para quien lea esto fuera de España y no lo sepa, 1714 se considera la fecha en la que Cataluña perdió la soberanía de la que hasta entonces aún disfrutaba dentro de la monarquía hispánica. Es la conocida como la caída de Barcelona frente a las tropas borbónicas. Pero la polémica no ha venido tanto porque el gobierno central haya enviado precisamente esa cantidad de mascarillas, como porque el consejero de Interior de Cataluña, Miquel Buch, haya dado por sentada la afrenta y la haya denunciado.

Para mí, la cantidad enviada no es casualidad. Ahora, dictar si el consejero Buch tendría que haber entrado al trapo o no, es más difícil. No veo descabellado que lo haya hecho. También podría ser que, Maquiavelo mediante, los ministros en Madrid buscaran el revuelo mediático para recriminar al político catalán que se dejara de independencias o combates políticos en plena pandemia -y tildarlo así de inhumano-, o, como decía un tuitero, poder llamar a los independentistas paranoicos. No he oído tales réplicas, sin embargo, desde el gobierno central, pero sí mucha befa en ese sentido en las redes. Quizás el responsable de Interior en Cataluña debería haber hecho suya la máxima: “No hay mayor desprecio que el que no hace aprecio”.

Me han ofrecido esta mañana una mascarilla en la farmacia, pensaba que no había. Total, que he comprado una FFP2 por 8,95 euros, no reutilizable. Pero, según la farmacéutica, en las actuales circunstancias de carestía, podemos esterilizarlas metiéndolas al horno durante una media hora a 70 grados centígrados. Uno ya no sabe a qué atenerse. Como no hay, ahora sí que se pueden desinfectar, ¿no? En esta página de la Consejería de Salud de Murcia aseguran que con el método de calor el efecto de filtrado se mantiene por encima del 95 por ciento. En fin, así estamos. Por lo menos, es más cómoda que la braga de cuello que llevaba hasta ahora.

Trigésimo segundo día de confinamiento.

lunes, 13 de abril de 2020

El señorito

Al señorito Iván le importa un rábano que el secretario de caza, Paco, el Bajo, roce la ancianidad y pierda agilidad y firmeza al trepar a lo alto de las encinas más altas, es más, le pincha riéndose y recriminándole que le puede la edad, “con lo que tú eras”. El secretario se desploma a peso al bajar del árbol y se rompe la crisma. ¿Y se alarma el señorito? No, le preocupa que no pueda seguir cazando y que por poco no le haya caído encima. Le chincha todos los días para que le acompañe de cacería, aunque sea con muletas. No le quita el sueño el peligro de quede inválido. Paco, el Bajo, accede subyugado por el sentimiento de culpa de no poder ayudar al señorito y se rompe de nuevo el pie. Pero al señorito qué le importa, se enfada incluso, solo desea aplacar su ambición, la caza, todo lo demás no existe para él. El secretario ya no puede acompañarle.

El señorito se fija entonces en el cuñado de Paco, el Bajo, Azarías, que cría con ternura y devoción a una grajilla a la que llama “milana bonita”. La estima es mutua, pues el pajarillo planea al hombro de Azarías tan pronto le grita “quiá, quiá”. Una mañana el señorito desespera en el monte, no caza nada, pero el señorito no se conforma, el vicio le domina, necesita matar algo. La mala suerte hace que la grajilla de Azarías vuele por allí y este, inocente, la llame y, sin pensarlo, la ponga a tiro del señorito. Aterrado, le suplica Azarías que no dispare, que es la milana, señorito, “por sus muertos”. Pero al señorito qué más le da. Es que no me pude reportar, se justifica con Azarías, y, añade, ya te compraré otro pajarraco, “carroña de esa es la que sobra en el Cortijo”. Y ríe.

Pasan los años y los granujas empeoran. Muchos señoritos hay en España hoy en día, incluso más y de peor calaña que en la magnífica novela de Delibes, Los santos inocentes, a quienes no les perturba en lo más mínimo la vida del otro, todo sea por la pasta. Que disfrazan cinismo y egoísmo con soflamas del tipo "es por vuestro bien”, “si no, la economía se va a pique” o “no es por nosotros, es para mantener vuestros empleos”.

Trigésimo primer día de confinamiento.

sábado, 11 de abril de 2020

Los respiradores de Seat

A un familiar mío le han despedido en plena crisis de pandemia por el coronavirus, pero la empresa no se ha acogido a un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). Los canallas se han aprovechado de la situación para “justificar” el despido por merma de trabajo. O sea que estamos ante un despido improcedente. Ahora, sin embargo, a esta persona le urgiría cobrar el paro, pero no sabe cuándo porque le han de llamar los técnicos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), al estar las oficinas cerradas. Y hay más de medio millón de catalanes en situación parecida por un ERTE. Por si fuera poco, este mes ha pagado el alquiler, pero ya no sabe si podrá pagar el próximo mes.

¿Cuánta gente que tiene que ir a trabajar este lunes dejará de hacerlo acogiéndose a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, por peligro grave? Desde la barrera se pontifica con facilidad, pero cuánto me gustaría que hubiera coraje suficiente entre los trabajadores. Y que los empresarios mostrasen dos dedos de frente.

Pocos días antes de que cerrasen las escuelas en Cataluña, un parroquiano del bar en el que tomo café me comenta con mezcla de sorpresa e indignación:
-Oye, ¡sabes que muchos bares y tiendas de chinos ya están cerrando!
-Supongo que ellos hablan a diario con familiares suyos de China y deben saber que poca broma con el coronavirus.

Seat ha dejado de fabricar respiradores para enfermos de Covid-19 porque clínicas y hospitales ya no les piden. Mi hija C., de 9 años, ha exclamado cuando ha oído la noticia en la tele:
-¡Pero que sigan fabricando, y si se les estropean?

Vigésimo noveno día de confinamiento.

viernes, 10 de abril de 2020

Ley de Boyle-Mariotte

Salí a comprar este jueves alrededor de las diez de la mañana. Por primera vez desde que empezó el confinamiento estuve dos horas y media fuera de casa. Primero entré en la papelería de mi barrio, que solo abre por las mañanas, en la calle Lloret de Mar, en Barcelona. Me explicó el dueño que casi no hace caja, que estos días podría haber vendido plastilina, acuarelas o barro –porque algún padre le pide-, pero que como el encierro se estableció de un día para otro, ahora los distribuidores casi no le reparten nada.

Bajé hasta Feliu i Codina, una calle principal del barrio de Horta, para comprar fruta y, de paso, un carrito de compra en la droguería que hay frente als Lluïsos. Y sí, confirmado, es preferible comprar fruta al mediodía porque hay menos clientes. Mientras hacía cola, leí en un cartelito enganchado en la pared que jóvenes del barrio se ofrecen voluntarios para ir a comprar, cuidar niños o pasear mascotas a personas que lo necesiten. Este era su mail: xarxasuporthorta@gmail.com. Subí cargado de naranjas, plátanos, peras, manzanas, zanahorias, patatas y calabacines, como para aguantar hasta el martes o miércoles que viene.

Durante el trayecto me topo con otro cartel. En este caso, una carta que una cantante llamada Tori Sparks dirige a los vecinos de Horta. En la misiva, explica que era ella la que había ofrecido un concierto después de la hora de los aplausos del pasado sábado 21 de marzo y que deseaba repetir el concierto, de solo media hora, para no molestar a nadie, el próximo sábado 28 de marzo. En esta cuenta de la cantante en instagram podéis ver la actuación musical. Y podéis disfrutar de una canción de su último disco en su página. Una fenómeno.

Seguí mi camino. Descargué en la puerta del rellano de casa y me fui al súper. Hasta ahora me había encontrado con colas de cuatro o cinco personas, pero ayer la fila daba la vuelta a la esquina, como se ve en el vídeo que grabé, y tuve que esperar una media hora hasta que llegó mi turno.

Una mujer con la que no había cruzado palabra desde hace más de 30 años guardaba cola detrás mío. Por un momento, sopesé hablar con ella, pero después desistí. Pensé: “Si le cuento la historia de por qué la conozco, quizás ella la recuerde o no, pero podrá soltarme: ‘¿Y por qué me saludas ahora tanto tiempo después si nos hemos visto ya alguna vez por la calle?”. Y además, aunque no me contestara de tal guisa, no hubiera sabido qué cara poner durante los largos minutos que restaban hasta acceder al establecimiento, aún quedaba cola.

A través de una ventana abierta de un edificio de enfrente, se aireaban temas de “Descanso dominical”, que amenizaban la espera. Cuando faltaban cinco o seis personas para entrar, se me volvió a pasar por la cabeza conversar con la mujer; habría ido tal que así, según mi mente fantaseaba, si no fuera porque en ese momento alguien la llamó por el móvil -el destino, que dirían algunos- y la posibilidad del diálogo se esfumó:

-Oiga, perdone, ¿a qué usted es o ha sido profesora de física?
-Uy, pues sí, ¿cómo lo sabe?
-Porque cuando era pequeño, con trece o catorce años, a veces con un amigo, después de salir del cole, nos divertíamos entrevistando a la gente que pasaba por la calle diciéndoles que hacíamos un trabajo para la escuela. Aquel día preparamos una encuesta de cultura general. Una de las preguntas era que qué decía la ley de Boyle-Mariotte. (Aclaro que en aquel momento la sabíamos porque, seguramente, la acabaríamos de haber estudiado). Y, claro, parábamos a mucha gente mayor y nadie la sabía, pero usted, para nuestra sorpresa, nos responde: “La presión ejercida por una fuerza química es inversamente proporcional a la masa gaseosa, siempre y cuando su temperatura se mantenga constante; si el volumen aumenta la presión disminuye, y si el volumen disminuye la presión aumenta”. Al vernos la cara de sorpresa, nos confesó que era física.

¿Qué esperaba extraer de esta conversación en la cola del supermercado que nunca se produjo? Supongo que, simplemente, saber si ella se acordaba. No sé, quizás, algún día, si la veo de nuevo, le pregunto.

Volvamos al súper. Está prohibido entrar sin guantes o, en su defecto, sin bolsas de plástico, pero, de momento, permiten entrar sin mascarilla. Digo “de momento” porque ya he oído que en otras tiendas y supermercados exigen la protección facial. Y no me extraña, más cuando el gobierno ha levantado el confinamiento total y a partir de este lunes miles de trabajadores no esenciales acudirán de nuevo a ocupar sus puestos. Para esta ocasión, el gobierno de España no ha consultado a su comité de expertos científicos, al que tanto se ha referido otras veces. O sea que solo han escuchado a la patronal. Da la sensación que dirijan al pueblo como al ganado, al matadero. ¿La sensación?

Procuro ir con la sonrisa por delante porque quiero y por pragmatismo. Le pregunté a la cajera del súper si al menos el propietario de la cadena les había gratificado con más días de vacaciones o con alguna paga extra y me contestó que sí, que el mes pasado algo les dieron. También me dijo que preferiría estarse en casa, pero que al menos se agradecía el gesto. Ya me lo imagino, le respondí, a mí me da pereza tirar la basura.

Vigésimo octavo día de confinamiento.

jueves, 9 de abril de 2020

“El colapso que no fue”, ¿seguro?

“El colapso que no fue”. Así titula El Periódico una noticia que hace referencia al supuesto fracaso de las predicciones de un grupo de expertos sobre si el sistema sanitario español dispondría de suficientes UCIs para atender a los enfermos del Covid-19. Considero injustificado el titular, a tenor del contenido de la pieza. Y también sostengo que es un ataque despiadado hacia la figura de Oriol Mitjà.

El sistema sanitario ha pasado y pasa por serias dificultades. Y si no ha habido colapso, en el sentido de que hayan faltado UCIs, es porque como bien señala el texto se han ampliado “a toda velocidad” desde que se publicó el manifiesto, el día 21 de marzo. O sea, que el estudio no contaba con que quirófanos, salas de parto y otras habitaciones se convertirían en UCI en muchas clínicas y hospitales. Y, ojo, supongo que por colapso se entiende que no hayan faltado unidades para críticos para personas menores de 80 años, porque para los mayores de 80 con complicaciones sí que han faltado. Y me podrían replicar que antes de la epidemia, personas mayores con complicaciones ya no entraban en las unidades de críticos. Sin embargo, por lo que he hablado con dos enfermeras, una de urgencias y otra de UCIs, esto no es así con exactitud. Cierto que existía el protocolo, pero siempre se miraba si se podía hacer algo, aunque luego no sirviera.

Pero es que el sistema sanitario ha padecido –y padece- mucho más allá que por la carestía de UCIs. También por falta de camas para enfermos menos graves. Recordemos que se han habilitado hoteles y montado hospitales de campaña en muchas provincias catalanas y españolas. Recordemos que toda visita médica no esencial o urgente se ha pospuesto. Recordemos que hubo falta de previsión en medidas de protección para el personal sanitario y que faltan test de diagnóstico. Recordemos que el personal sanitario ha sufrido muchas bajas por contagio o contacto. Recordemos que se ha llamado “a filas” a médicos jubilados, médicos de otras especialidades y a estudiantes. Recordemos que el personal sanitario ha doblado turnos en algunos casos. Recordemos que algunos hospitales y clínicas –no sé si todos- desde hace unos días ya no reciben a enfermos de residencias de ancianos. Recordemos que el 061 durante días no podía atender a todas las llamadas en un tiempo prudencial. Recordemos que hay médicos que han alertado que no saben si podría atenderse ahora mismo una emergencia de otro tipo, como accidentes graves u otras catástrofes. Y recordemos, finalmente, que la epidemia no ha acabado.

Que, del manifiesto a la carta de The Lancet, los firmantes hayan difuminado la fecha en que faltarían unidades de cuidados intensivos no significa, a mi juicio, que el sistema sanitario no haya hecho aguas. Además, Miguel Hernán, catedrático de epidemiología de la Universidad de Harvard, al que se cita como asesor gubernamental, señala que el modelo era “correcto”, pero que como “todo modelo no es perfecto”. Me parece que para evaluar si ha habido saturación o colapso harán falta en el futuro datos y opiniones de médicos, enfermeras, celadores, personal sanitario y familiares. Y revisar, también, el concepto de colapso. Porque a ver si al final –y sé que a esto no se refiere el articulista, pero alguien podría llegar a deducirlo - a ver si al final todo ha ido como una seda y no hace falta aprender de lo sucedido y fortalecer el sistema sanitario.

Como decía al principio, la pieza desprende, asimismo, un tufo de ataque injustificado y despiadado hacia Oriol Mitjà, no sé si por envidia de colegas suyos. Y digo esto por un par de afirmaciones de los expertos que critican la postura del manifiesto. Clara Menéndez, investigadora en malaria del Institut de Salut Global de Barcelona, denuncia falta de rigor y precipitación e insinúa falta de veteranía. O, al final, el referente internacional en modelización que oculta su nombre, hace algo parecido al afirmar que “antes de hacer predicciones y sugerir medidas hay que hablar mucho con políticos y epidemiólogos auténticos”.

No sé si Oriol Mitjà es un epidemiólogo "auténtico" –es especialista en medicina interna y experto en enfermedades infeccionas-, pero El Periódico lo presenta como tal en la foto que encabeza la noticia.

¿Tanto se ha equivocado Oriol Mitjà? 

miércoles, 8 de abril de 2020

Ver perros

Una de las actividades favoritas de mi hijo, de 21 meses, durante el confinamiento por la epidemia del coronavirus es divisar perros –“guau, guaus”, que balbucea- desde la ventana. Por poco que estemos, alguno vemos. En la tele dijeron el otro día que ha aumentado el número de peticiones de adopciones en las perreras. Nos quejamos de políticos corruptos, de explotadores sin escrúpulos o de familias multimillonarias a las que les importa un rábano el destino de la humanidad, que solo miran por su cortijo, por su bienestar, sin importunarles que otros padezcan miseria, enfermedad y muerte, o lucrándose de eso mismo. Y es verdad. Pero también es cierto que si estos no estuvieran, habríamos otros; quizás los que quieren ahora perritos, quizás los que se marchan a segundas residencias en plena epidemia, quizás los que especulan con los precios de las mascarillas, quizás los que envidian a los poderosos, seguro los que a cualquier precio ocuparían el lugar de ellos.

Y todo seguiría igual.

Vigésimo sexto día de confinamiento.

martes, 7 de abril de 2020

Brotes

Vigésimo quinto día de confinamiento.

No, no me refiero a la luz al final del túnel de la epidemia, sino a brotes verdes, simple y llanamente. Quiero decir que la primavera se abre camino. Algún árbol de mi calle comienza a brotar. Se me ha ocurrido que intentaré fotografiarlo cada día a la misma hora para montar un vídeo del crecimiento de las hojas hasta que las ramas rebosen y verdeen. Supongo que el proceso durará un par de semanas a más tardar y, para entonces, sí, adivináis, aún seguiremos confinados. Puede que no todos, pero sí muchos.

También se me ha ocurrido que de tanto en cuanto me asomaré a la ventana para fotografiar transeúntes con mascarilla, en una especie de fotografía documental, callejera, disparada desde el alféizar, que publicaré en instagram o en un blog de foto que tengo. Aún lo tengo que decidir.

A última hora de la tarde he tenido que salir y comprar gotas para el dolor de oídos en la farmacia. De paso he tirado tres bolsas de basura, de tres días, y he ido a comprar al súper. En la farmacia, he preguntado si ya vendían mascarillas y me han contestado que no. Cuando le he contado que en el súper me ofrecieron hace unos días mascarillas se ha extrañado y me ha asegurado que no protegerían mucho, que a ellos les han prohibido regalar unas de tela que les donaron, de lo inefectivas que eran, me dice. En esto de las mascarillas hay batiburrillo de información, y uno ya no sabe a qué atenerse. Pero diría yo que mejor un pañuelo o algo casero que nada.

lunes, 6 de abril de 2020

En el Hospital de Igualada

Enfermera: "Al principio, era un poco de desconcierto, no me daba tiempo a darle de beber a todo el mundo agua"


La Generalitat de Cataluña ha levantado este lunes el cerco perimetral que desde hace 24 días ha mantenido encerrados a unos 66.000 habitantes en la Conca d’Òdena. El Hospital de Igualada ha sido uno de los centros sanitarios más castigados por la epidemia del coronavirus. Hasta el 40 por ciento de la plantilla de sanitarios se ha visto afectada por el Covid-19, según informa TV3. Si hace unos días una enfermera de UCI relataba su experiencia en una clínica privada de Barcelona, este lunes una enfermera de urgencias del Hospital de Igualada nos explica también sus vivencias. ¿Se ha sentido segura? ¿Cómo ha visto a los pacientes? ¿Se ha podido atender a todos los enfermos? ¿Se han sentido desbordados? La enfermera desea mantener su identidad en el anonimato.

-Ahora que se ha levantado el confinamiento en la Conca d'Òdena, ¿crees que ha mejorado la situación en el hospital?
La situación tiene que ser la misma porque todo el mundo ha de estar confinado en casa. Aunque no tengamos que hacer parte para entrar y salir de la Conca, la población tiene que mantenerse en casa. La situación no cambiará mucho hasta que dejen salir a la gente de casa.

-Después de trabajar, ¿salías del perímetro policial?
No, yo vivo dentro y no necesitaba salir. Pero tengo compañeros que salen y entran y, así, se les ha facilitado la entrada y la salida. No hacen colas ni enseñan el pase, entran libremente.

-¿Habéis tenido equipo suficiente y adecuado para protegeros, me refiero a EPIs, mascarillas, gafas?
Sí, nosotros dentro del centro hemos hecho un uso bastante racionalizado del equipo. No nos ha faltado en ningún momento. Si hemos necesitado algo extra porque se nos haya roto, se nos ha facilitado. Hemos tenido diversas donaciones de empresas externas. Desde el principio nos hemos adaptado al equipo que marcaban los protocolos. Los primeros protocolos estaban un poco confusos porque no sabíamos bien dónde estábamos ni a qué nos enfrentábamos. Nos hemos adaptado a todo según los protocolos.

-¿Os habéis sentido seguras, entonces?
Sí. El miedo que hemos tenido siempre es que si nos contagiáramos tendríamos que irnos a casa, pero no a la patología en sí. También porque al principio pensábamos que a la gente joven no les pasaba gran cosa pero, poco a poco, ha habido noticia de personas más jóvenes afectadas y, ahí, no te sientes tan segura. Pero piensa que nuestro contagio ha sido previo, antes de saber que teníamos la enfermedad aquí. Así que, si nos contagiamos, fue antes.

-¿Os han hecho test a los sanitarios?
Sí. Al principio del confinamiento los test se realizaban a las personas que presentaban síntomas; las PCR salían indeterminadas a la gente que no tenía síntomas, era ilógico hacerlas a todo el personal. Tuvimos un montón de personal sanitario con síntomas que se hizo test y que se tuvieron que recluir en casa y esto nos ocasionó mucha pérdida de personal. Ahora hace más o menos una semana que ya nos hicieron el test a todos los que quedábamos.

-Los últimos datos que he podido encontrar hablan de 154 sanitarios afectados [después de hablar con la enfermera en la tele han hablado de 300, y que ya se han recuperado 200]
Es posible, había mucha plantilla, aunque no sé el número. No hemos podido abrir plantas de hospitalización por falta de personal para cubrirla. Y sé que de otros centros ha venido personal, pero no sé dónde los han ubicado.

-¿Se ampliaron el número de UCIs?
Si no recuerdo mal, teníamos seis UCIs y añadieron dos más. También, si no me equivoco, han habilitado seis u ocho quirófanos. En total, 8 camas más, me puedo equivocar en algún número pero por aquí va.

-¿Habéis dejado de ingresar a alguien que lo necesitara en una UCI?
De ingresar, no, el ingreso se ha hecho. Pero sí que es verdad que al principio de la patología no disponíamos de material suficiente para todo el mundo, y personal con pluripatología y con poca esperanza de vida -sobre todo personas de residencia que ya tienen una calidad de vida bastante disminuida- a estas personas no se les podía introducir en un sistema de UCI, no se les podía intubar, porque, igualmente, fuera de esta enfermedad tampoco se intuba a la gente con mala calidad de vida. Quizás se le puede dar una oportunidad más porque se dispone de más medios para ver cómo va; pero, realmente, por el protocolo en sí, a gente que no tiene calidad ni esperanza de vida ninguna, no se le somete a una respiración artificial.

-¿Pero crees que en otras circunstancias se les podría haber ingresado en la UCI?
Quizá algún caso habríamos probado para ver si salía con respirador artificial, pero pocos. Pero más debido a falta del dispositivo o de personal suficiente en UCI. Éramos muy pocos al principio, nos quedamos bastante limitados. Y ahora que hemos recuperado personal, no se hace una intubación artificial, pero sí que se utilizan respiradores artificiales externos, y sí que se les da esa posibilidad.

-¿Sabes cuántos enfermos de Covid-19 hay en tu hospital?
Ni idea. Pero en el servicio de urgencias todos los que entran son por riesgo de covid o posibles positivos. Ahora empezamos a tener un poco de patología diversa. Quien haya coordinado esto lo ha hecho muy bien porque al principio nos etiquetaron, digamos, como "hospital infectado" y no nos traían otros enfermos, para no mezclarlos y que no se contagiasen. Ahora como todos los hospitales de la zona están bastante llenos, empieza a haber algo de patología que no es posible Covid-19. De todas maneras, los mantenemos en un circuito aparte, limpio, para que no se crucen con los positivos.

-¿Qué les preocupa más a los enfermos de Covid-19?
El contacto con la familia y el miedo a no saber qué les va a pasar. 

-Para ti, ¿qué es lo mejor y lo peor que has vivido estos días?
A una compañera mía, de mi servicio, que la tuvieron que intubar porque se complicó, esto fue un golpe duro para todo el servicio y para el hospital. Que cayéramos los de dentro, personas sanas, sin patología, y que alguna se complicara es duro. Lo que llevamos peor, pero que, poco a poco, ha ido mejorando ha sido la ayuda de las familias; siempre tiramos de ayuda de la familia para que nos avisen, porque les dan agua o les ayudan a comer. Y todo esto no lo podíamos tener. Ahora ya nos hemos acostumbrado y coordinado mucho mejor, pero es una ayuda que hemos tenido que suplir. Lo hemos llevado bastante bien, pero al principio era un poco de desconcierto, no me daba tiempo a dar de beber a todo el mundo agua, una cosa tan simple como esa.

-¿A cuántos enfermos has tenido que atender en un turno?
Hemos tenido días llenos, no sabría decirte cuántos, pero con el servicio de urgencias lleno e incluso con gente en los pasillos. También depende de si son más graves o más autónomos. 

-¿Siempre has atendido en urgencias estos días?
Sí, al principio estuve un día en planta cuando aún no estábamos muy bien ubicados, yo no sabía a qué me enfrentaba. Pero fue un cambio programado, tampoco es que me movieran. Luego siempre me han mantenido en urgencias.

-¿Es cierto que puede haber enfermos que estén bien durante varios días y que luego, en pocas horas o en un día, se agraven y puedan llegar a fallecer?
A mí me sorprende que la gente entre andando con un porcentaje de oxígeno en sangre superbajo. Esto con otras patologías no pasa, un asmático, por ejemplo, se ahoga. En cambio, los enfermos del Covid-19 saturan bajo, pero andan y hablan y no dan sensación de gravedad desde el inicio, pero cuando ves constantes, ¡ojo! Supongo que el organismo lo compensa demasiado bien hasta que el paciente se hunde. Y esto es lo que nos hace correr y que de un momento a otro se vaya. Pero a nivel médico lo saben mejor, yo la patología médica no la conozco. Tampoco me da tiempo a informarme porque con todas las horas que hacemos cuando llegas a casa no te quedan ganas de investigar, para eso están los expertos, que informan y ya está. Pero sí que sorprende, es una enfermedad rara. 

-¿Qué media de edad atendéis del Covid-19?
Quizás en las primeras dos semanas -y es una sensación, no te lo puedo asegurar- venían abuelitos, que se les veía abuelitos, y ahora acude gente más joven que entra andando y que trabaja, que no están jubilados. También es verdad, y por lo que dicen en la tele, que de las residencias no envían al hospital a personas que no tienen una calidad de vida suficiente; se ha creado un poco de ayuda y se hace el tratamiento en la residencia. Esto nos ha liberado bastante de estas personas, que venían y nos saturábamos.

-En otras circunstancias, ¿hubieran entrado personas de residencias de ancianos?
Sí, porque las residencias no tienen medios a nivel médico, en cambio creo que ahora se ha intentado cubrir desde los ambulatorios esa necesidad médica e intentar tratar a cada persona en su lugar, en vez de venir al hospital.

-Y en la UCI, ¿sabes con qué media de edad entran?
No, supongo personas menores de 80 u 85 años, pero por características poblacionales, porque ya lo era así antes, gente bastante joven. 

-Por lo que ves en urgencias, ¿el Covid-19 afecta más a hombres o a mujeres?
No lo sé. Un día puedo tener más señores y otros, más señoras, no lo sabría decir.

-¿Cómo mantienen el contacto las familias con los enfermos graves?
Por telefono o videollamadas. A nivel médico cada día se informa al familiar de referencia sobre el estado y el pronóstico de la patología del paciente.

-¿Cuánto duran vuestras jornadas laborales?
Empezamos haciendo el mismo horario, 7 horas diurnas, y un día de noche. Pero las primeras semanas, al estar escasos de personal, íbamos doblando turnos algunos y hacíamos lo que podíamos. Ahora hacemos turnos de 12 horas para así tener más personal continuo y poder descansar: unos hacen cuatro días a la semana, otros hacen tres, y luego a la siguiente al revés.

-Me imagino que muchos de vosotros viviréis sentimientos de miedo, ansiedad, tristeza, estrés, rabia, impotencia, ¿recibís algún tipo de ayuda para gestionar este choque emocional?
Nos han enviado unos enlaces por si queremos hacer algún tipo de terapia. También desde la unidad de salud mental de nuestro centro nos han enviado un enlace de ayuda terapéutica por si queremos hablar y expresarnos. No lo he usado, creo que psicológicamente nos mantenemos fuertes. Pero sí, tenemos la posibilidad por si en algún momento alguien lo necesita.

-Ha habido un poco baile de cifras sobre los fallecidos y contagiados en la Conca d'Òdena. La Generalitat daba unas cifras de 107 decesos y el alcalde de Igualada afirmaba que había habido algunos más. ¿Sabes algo al respecto?
No, yo no sé cómo se cuentan los fallecidos: los que están en el hospital, los que están en domicilio o los que están en residencias, no sé si se cuentan todos. Tampoco sé si se cuentan los diagnosticados por el Covid o los sin diagnosticar también. Y seguramente en este tiempo el Covid es la causa principal de fallecimientos.

-El alcalde de Igualada dijo que el mes pasado se habían triplicado las muertes con respecto a la media del mes de marzo de años anteriores. Esto puede ser un indicio de que hay fallecidos que no se hayan contabilizado.
Seguramente. Se han de aclarar cómo los están contando.

-¿Quieres añadir algo más?
Espero que después de que pase la epidemia se valore la sanidad pública y la potencien un poquito, porque es lo único que nos va a salvar a todos. Nos tienen con recortes y estamos hartos de quejarnos. Y esperamos también que la población se queje con nosotros. Los servicios básicos se tendrían que potenciar, que los tenemos un poco abandonados. Lo nuestro es vocacional, pero estamos hartos de que lo vocacional se menosprecie.

domingo, 5 de abril de 2020

¿Quién aplaude?

Vigésimo tercer día de confinamiento.

Casi todas las tardes mi mujer, mis hijos y el aquí presente nos asomamos a la ventana para aplaudir. A veces, no salgo, a veces son mi hija o mi mujer quienes no aplauden, pero siempre mi enano de 21 meses deja de jugar y se dirige escopeteado a la ventana para otear el edificio de enfrente y, de tanto en cuanto -sobre todo, cuando le avisamos de que es hora de cerrar-, para aplaudir como si le fuera la vida en ello. Nunca se lo pierde. Apenas dice cinco palabras (“mama”, “tata”, “yastá”, “sí”, “no” y, muy pocas veces, “papa”), pero entiende a la perfección que la ovación dura poco y que hay que ingeniárselas para alargar ese interludio el mayor tiempo posible. Por supuesto, él no aplaude a sanitarios. D, quiere respirar, formar parte de la algarabía, desfogarse tras todo un día encerrado entre cuatro paredes de apenas cuarenta y cinco metros cuadrados.

Mi mujer observó hace unos días que pocos hombres salían a la ventana a aplaudir, que casi todo eran mujeres. Y es cierto. Esta tarde lo he comprobado. De 14 personas que he contado, cuatro éramos hombres (el 28,5 por ciento), el resto mujeres y algún niño (el 71,4 por ciento). No es que desee denunciar nada, menuda tontería, simplemente es una constatación, una curiosidad. En sus vecindarios, ¿ocurre algo similar?

sábado, 4 de abril de 2020

Exultante

Así me he sentido este mediodía después de haber cocinado con éxito un perol de gachas. Es un plato típico de la comarca valenciana del Rincón de Ademuz. Normalmente, se comen cuando se reúne la familia, a modo de celebración, y nunca las había hecho yo solo. Siempre había dependido de otros chefs, mi madre, mi tía o mi primo, por norma general. Las gachas del Rincón son diferentes a las andaluzas y a las manchegas; si queréis conocer su aspecto aquí las podéis ver.

El plato se acompaña de carne, bacalao, pimientos, tomate en salsa y alioli. La vianda en sí, las gachas, contiene harina, agua, sal y un poco de colorante. La olla ha de hervir a razón de un kilo de harina por litro y medio de agua durante una hora. Al final, se han de remover las gachas con un palo largo hasta que adquieren la solidez de una masa compacta y amarillenta; hay quien convierte ese instante postrero en una epifanía, al lograr levantar en vertical las gachas con el palo como si se tratara de una enorme y pesada coliflor, yo no he llegado a eso.


El gobierno de España ha alargado el estado de alarma hasta el día 26. Este viernes leí una información de una consultoría estadounidense según el cual el pico de la epidemia en España llegaría a finales de abril y el fin del confinamiento entre, como mínimo, la primera semana de junio y, como máximo, la tercera de julio. Pienso que este estudio está equivocado. No creo que arribemos a un pico nítido y diáfano, creo, más bien, que estaremos en plan meseta durante unos cuantos días, quizás hasta después de Semana Santa. De hecho, ya llevamos siete u ocho días con las muertes rondando, incluso superando, las ochocientas, ¡las ochocientas!, al día. Espero que nos quedemos en meseta y que decline cuanto antes.

Vigésimo tercer día de confinamiento.

viernes, 3 de abril de 2020

La aventura de comprar

Vigésimo segundo día de confinamiento.

Médicos, virólogos y epidemiólogos recomendaban hace poco que solo los contagiados del covid-19 usaran mascarillas, pero este viernes protección civil ha rogado que todo el mundo las use en la compra diaria. Supongo que, como al principio debía de ser un material tan escaso, se sacaron de la manga aquello de que casi no protegía. O se miente antes o ahora. También es verdad que no todas las mascarillas resguardan igual, algunas caseras nada y menos. Sea como sea, por la calle ya hay mucha más gente con mascarilla que al principio del confinamiento; diría que la cosa anda mitad y mitad, entre quienes la llevan y quienes no. Pero es que, que se sepa, justo por ser un bien escaso y preciado, no se vendían en farmacias ni en ningún lugar. ¿De dónde diantres las sacaba la gente? ¿O es que todos los enmascarados están contagiados? No lo sé, pero desde hace unos días se pueden adquirir en el super de mi barrio. O no son ya tan buscadas por las autoridades sanitarias; o sí lo son, pero el super pasa de todo; o las que venden al cliente protegen poco.

La pandemia del coronavirus continúa como monotema en las conversaciones vecinales, al menos en los retazos de diálogos que cazo al vuelo cuando emerjo de mi cueva a comprar y me cruzo con alguien. Y cruzar es una forma de hablar. Porque nos evitamos, zigzagueamos, atravesamos la calzada, nos separamos al pasar uno junto al otro como dos imanes del mismo polo se repelen. Dos hombres mayores en la acera y con mascarillas a metro y medio de distancia: “Le hemos dicho que las cartas las deje todas juntas, que no las cogemos, ya veremos cuándo”.

Las charcuteras siguen con la sonrisa en la boca, mejor dicho, en los ojos, porque las tres van tapadas con mascarilla. Dejan entrar a dos o tres clientes a la vez, el resto guarda cola afuera. No paran de atender y anotar pedidos telefónicos. En la frutería, podemos acceder uno cada vez. Una mujer ha pedido entrar porque solo quería un par de cosas, pero el frutero le ha dicho que no. La mujer se ha marchado indignada. El tendero se ha explicado diciendo que son las normas, pero que además durante la mañana la policía ha pasado dos veces y en ambas ocasiones ha recordado a los clientes que mantuvieran las distancias de seguridad.

En condiciones normales, con armas nucleares a tutiplén, con conflictos bélicos sempiternos, con la contaminación a tope, con la explotación y la corrupción al máximo, con el precio de los pisos y los alquileres por las nubes, con sueldos irrisorios y con el hambre haciendo estragos, pero pudiendo salir al parque porque no hay virus, ¡qué fastidio es olvidarte algo de la compra! ¡Y encima, casi siempre, se olvida uno del producto más indispensable! Pues ahora este fastidio se convierte en algo más por el tiempo de espera en las colas de las tiendas. A mí me ha ocurrido esta mañana, pero, de camino a casa, he pasado delante de un pakistaní y no había nadie. Total, he comprado lo que me faltaba y le pregunto al tendero:

-¿Cómo está en Pakistán?
-Bastante bien, unos 300 y pico afectados y 30 muertos.
-¿Pero están confinados? Porque el otro día vi noticias de vuestros vecinos [me refiero a la India], pero no hablaron de Pakistán.
-No como aquí –me contesta.
-Pues allí acabaréis también mal, porque sois muchísimos –le digo.
-No creas, allí hace calor y no afecta tanto –me replica.
-Sí, pero mira Irán, también hacía calor y…
-Ya, pero en Irán la mayoría de gente se ha contagiado en zonas frescas.

No me fiaría.

Por cierto, si antes faltaba papel higiénico, ahora cuesta encontrar harina. Hipótesis: para no salir tan a menudo la gente prefiere hornear su propio pan.

jueves, 2 de abril de 2020

En la UCI de una privada

Enfermera: “La gente de ochenta y pico con patologías no baja [a la UCI]”


Los sanitarios en España y Cataluña conforman uno de los grupos más afectados por el coronavirus desde que estalló la pandemia. Según los últimos datos, en Cataluña hay 3.468 contagiados o confinados y, en España, hace tres días, 12.298. Estar en primera línea, además, conlleva sobrecarga laboral y psicológica. Asia sale a las siete de la mañana de casa para ir al trabajo y vuelve a las nueve y media. Durante doce horas se mete en un traje de neopreno y asiste a tres pacientes enfermos de coronavirus en la UCI de una clínica privada de Barcelona. Este jueves descansa y me ha relatado por teléfono cómo vive la epidemia del Covid-19 en su centro. ¿Tienen material de protección adecuado y suficiente? ¿Hubo previsión de compras? ¿Atienden en la UCI a todos los enfermos que lo requieren? ¿A qué perfil de pacientes asisten? ¿Colabora la sanidad pública y la privada? Tanto el nombre de la enfermera como el del centro sanitario permanecen en el anonimato. Asia es un seudónimo.

Esta clínica privada de la provincia de Barcelona dispone en situaciones normales de seis UCI, pero ahora se han habilitado dos quirófanos más y las tres salas de parto. O sea que, en total, cuentan con 11. “La gente de 80 y pico años con patologías ya no baja”, afirma Asia refiriéndose a que ya no entran en la unidad de cuidados intensivos. Todo ha cambiado con el incremento de ingresos graves. La empleada sanitaria pone como ejemplo que llaman a la doctora a la UCI para que suba a planta a examinar un paciente de 80 años que se ha agravado, pero cuando lo ve les responde que “está para bajarlo, pero no le vamos a hacer nada”. En cualquier otro momento se bajaría, se intubaría y se haría algo, asegura, pero ahora un enfermo mayor que necesite respirador lo tiene muy mal. Según explica Asia, el comité de crisis de su clínica estableció que a los mayores de 80 años con morbilidades no les trasladarían a la UCI, pero que si el volumen de ingresos fuera tan brutal que se llegara al colapso, bajarían el rango a 70; "pero eso no ha pasado aún”, puntualiza.

A Asia, hasta hace poco enfermera quirúrgica pero estos días reconvertida para la UCI, le llama mucho la atención que la unidades de cuidados intensivos de su centro rebosan de personas jóvenes, “de 40, 41, 45 y otro de 50”, y que además están “muy mal”. No ha habido casos de 20 años, aunque sabe que en otros hospitales sí. El enfermo más mayor tiene 62 años. Entre los muy graves, refiere una doctora de urgencias, de 45 años, que está intubada y que “pinta muy mal”. Es una compañera suya, y no sabe cómo se la encontrará este viernes.

De material de protección andan bien, aunque con matices y no para tirar cohetes. Las enfermeras visten monos de neopreno, los llamados EPI, pero deben usarlo toda la semana doce horas al día. Las obligan a no quitárselo durante la jornada, pero se pregunta ella cómo acuden al baño o a comer. No pueden estar envueltas así doce horas, y cuando se lo quitan hay peligro de contagio. Además, al cabo de la semana los lavan y se los enfundan de nuevo, pero la enfermera duda de que el traje aguante: “Mañana cuando vuelva no sé si me podré poner yo eso, porque se habrá desintegrado”. En cuanto a las mascarillas, trabajan con una FP3 –de un 97 por ciento de efectividad- durante la semana. Tanto las mascarillas como el traje deberían mudarlos cada día, se queja. Harina de otro costal son las gafas. Tienen que limpiarlas a menudo porque se empañan y compartirlas con compañeros cada vez que entra uno u otro a asistir a un enfermo.

El miedo es patente con motivo. Entre su equipo, hay cuatro enfermeras infectadas y confinadas en casa, y también una supervisora y una directora de enfermería. Pero desconoce el número de colegas contagiadas en planta, porque Asia trabaja solo en la UCI. Poseen test para la detección del coronavirus, pero no para ellas si no manifiestan síntomas o han estado en contacto con diagnosticados.

Antes de la declaración del estado de alarma en España, la competencia para abastecerse de suministros médicos pertenecía a las comunidades autónomas, pero en el caso de la clínica de Asia, al ser privada, era el centro de salud el que debía proveerse. Sin embargo, como ha ocurrido en la sanidad pública, tampoco su clínica fue previsora: “No, cuando ya quisieron pedir es cuando ya faltaba suministro en todos sitios”. Y añade que, en el momento en el que en Cataluña se ordenó el cierre de institutos y escuelas, el pasado 13 de marzo, en la clínica operaban con total normalidad, “como si no pasara nada”, sin atender qué ocurría en China u otros países.

A la clínica de Asia se derivan “un montón” de pacientes de la sanidad pública, pero se lamenta de que nadie de la pública ha acudido a ayudarles. Porque aún pueden convertir quirófanos reservados para emergencias en UCIs para pacientes con coronavirus, pero no está segura de que dispongan del personal suficiente. Al principio, trabajaban doce horas siete días a la semana, pero se dieron cuenta de que así no podían continuar y ahora descansan dos días entre semana: “Nos tienen que dejar descansar o se quedan sin nadie”, concluye. El día a día es muy duro: “Los pacientes de covid de UCI están muy mal y requieren mucho trabajo; estás doce horas y solo llevas a tres pacientes y no te da la vida en hacer todo lo que tienes que hacer, porque están muy mal, se desestabilizan”.

En varios momentos de la conversación, Asia expresa lo horrible que es dejar morir a gente, la carga que supone para enfermería, la pena que siente y como la destroza. Cuando vuelve a casa, han transcurrido 14 horas desde que se marchó temprano por la mañana. En casa le esperan pareja y bebé. Pero tiene otro hijo, también pequeño y en grupo de riesgo, que vive con su padre mientras dure la pandemia: “No le he visto hace ya 25 días”.

miércoles, 1 de abril de 2020

La clase en casa

Desde el cole, a mi hija y sus compañeros les ponen algunas tareas cada semana. Mientras no haya escuela por el cornavirus, las faenas deberían ser -como mucho- orientativas, para que los niños fueran haciendo algo y para facilitar a los padres la búsqueda de recursos, pero no más allá. No todos los padres tienen la misma disponibilidad horaria, ni la misma mano para con los niños, ni ordenadores o impresoras en casa, ni saben cómo enseñar.

Guardo algunas actividades de cuando trabajé de maestro hace unos años, pero pocas del curso de mi hija, tercero. Justamente ese curso es en el que hice menos sustituciones, solo entré alguna vez para impartir castellano, que recuerde. Pero en internet hay muchas fichas y actividades, y he estado un rato buscando problemas de matemáticas y ejercicios de catalán. Por cierto, si alguien quiere alguna ficha o actividad para su hijx de primaria aquí tiene el enlace al blog que antaño actualizaba: hay ejercicios de comprensión lectora, de cálculo, mandalas para colorear, pasatiempos, actividades on line, etc. La gran mayoría en catalán.

Justo cuando escribo estas líneas me llama la maestra de mi hija. Está haciendo una ronda telefónica a todos los alumnos para hablar con ellos, pero C. no quiere ponerse, le da vergüenza. Nos explica su tutora que a muchos compañeros les ha pasado lo mismo.

Vigésimo día de confinamiento.